angyeongwon (안경원)
Entras a una óptica en Corea, te miden la vista gratis y en más o menos una hora sales con lentes nuevos. Con razón hay viajeros que lo ponen directo en el itinerario.
Lo que más sorprende es la velocidad. En muchos países hacer unos lentes toma días o hasta un mes, pero en Corea una graduación común suele estar lista el mismo día. Las ópticas tienen en stock los cristales más usados y los tallan ahí mismo. Es el espíritu ppalli-ppalli aplicado a los lentes. Si la graduación es muy alta o el lente es especial, se pide a fábrica y tarda unos días.
El examen también se hace en la tienda. Puedes ir al oftalmólogo con el seguro nacional de salud y llevar la receta, pero casi todos dejan que el óptico con licencia les revise la vista ahí mismo. Los precios varían muchísimo según el armazón y los cristales, así que hay quien busca calidad-precio y quien invierte en armazones de diseñador. Tip para los caros: pide el comprobante con los modelos del cristal y del armazón.
Demanda sobra. Corea, como buena parte de Asia oriental, tiene uno de los porcentajes más altos de gente con lentes, por tantas horas frente a pantallas y una cultura de estudio intensa. Por eso los lentes ya son parte de la moda coreana. Los armazones metálicos delgados y los redondos de pasta van y vienen, y lo que usa un actor en un drama exitoso se vuelve el más vendido.
Antes, los lentes eran señal de "esta persona estudia mucho". Se cuenta que el rey Yeongjo de Joseon los usaba por miopía y astigmatismo, pero siempre se los quitaba en actos oficiales. Hoy zonas turísticas como Myeongdong están llenas de ópticas, y con el auge del turismo médico cada vez más ponen letreros en otros idiomas.