gaseongbi (가성비)
Abreviatura de 'rendimiento en relación con el precio'. Es la primera vara con la que los coreanos miden cualquier compra, y hasta tiene un hermanito, gasimbi, que también cuenta cuánto te llena el alma.
Nació en foros de computación. Al comparar procesadores, la gente siempre metía el precio en la ecuación, así que la frase larga 'relación precio-rendimiento' se recortó a sus primeras sílabas. De ahí saltó a equipos de audio y electrodomésticos, y luego a comida, viajes y casi cualquier servicio. En los 2010 pasó de jerga a palabra de todos los días y hoy está en el diccionario estándar. En rigor, hablar del 'rendimiento' de una galleta o un gukbap suena raro, pero ya a nadie le importa.
La escuchas en todos lados: reseñas de almuerzos de tienda de conveniencia, recomendaciones de bunsik, 'hallazgos gaseongbi' en Olive Young, el karaoke de monedas, las ventas de segunda mano del barrio. Los títulos de YouTube de viajes están llenos de 'hoteles gaseongbi' y 'restaurantes gaseongbi'. Si quieres saber qué es caro y qué es barato en Corea, empieza por donde aparezca esta palabra.
Los juegos de palabras no paran. Gasimbi mide precio contra satisfacción emocional, gatseongbi es para las gangas de otro nivel, gamatbi evalúa sabor por won y jeonseongbi, eficiencia eléctrica. Cuando algo es caro y encima malo, le dan vuelta al refrán 'lo barato es pastel de bagazo de tofu' y dicen 'pastel de bagazo caro'. En la esquina opuesta está el flex, puro placer de gastar.
Otros países tienen su versión: kosupa en Japón, xingjiabi en China, 'value for money' en inglés. Lo que distingue a la coreana es su alcance: una palabra nacida entre piezas de computadora hoy mide una comida, un día de viaje y hasta un videojuego.