kape gonghwaguk: café + 공화국 (카페 공화국)
Un país donde en una sola calle caben cuatro o cinco cafeterías. En Corea el café no es tanto un lugar para tomar café como una sala compartida para estudiar, trabajar y ver gente.
Todo empezó con el dabang, el viejo salón de té que vendía té y café y servía de punto de encuentro. A finales de los ochenta llegaron cafés amplios, luminosos y con meseros, y una cadena que ofrecía bebidas ilimitadas por hora ya anticipaba el modelo coreano: pides una bebida y te quedas con la mesa. Lo que cambió todo fue Starbucks. Enchufes gratis, wifi gratis y cero problema con que te quedaras el día entero; funcionó tan bien que las demás marcas lo copiaron, y se instaló la idea de que un café es un sitio para quedarse horas.
De ahí sale la palabra kagongjok, la gente que estudia en cafés. Un arquitecto explicó que los cafés coreanos no deberían verse como negocios de comida sino como 'renta ultracorta de salas de estar'. Las casas son pequeñas y falta espacio propio, así que por el precio de un americano rentas unas horas un cuarto luminoso con el ruido justo. La costumbre de dejar la laptop en el café para apartar lugar, confiando en que nadie se la lleva, es lo que hace posible todo esto. Y a diferencia de un study café, donde el tecleo está prohibido, o de una biblioteca en silencio, aquí sí puedes hablar del trabajo en equipo.
La demanda de espacio no es la única razón de que haya tantos. Abrir un café es relativamente fácil, así que se volvió la opción típica del autoempleo, y el mercado se partió en tres: cadenas baratas para llevar que compiten por calidad-precio, franquicias grandes y confiables, y cafés de especialidad que tuestan su propio grano. Cada barrio tiene su estilo: fábricas recicladas en Seongsu, locales escondidos entre imprentas en Euljiro y cafés bajo los techos de teja de un hanok. Cerca de las universidades hasta hay cafés donde te leen el tarot, conectados con la cultura de la adivinación.
A los dueños no siempre les encanta. Con la luz y la leche cada vez más caras, el cliente que ocupa una mesa para cuatro todo el día con el café más barato se volvió un costo real, y más locales empezaron a tapar enchufes o poner límites de tiempo. El truco veterano si piensas quedarte mucho: ve a una sucursal operada directamente por la franquicia. Suma a quienes piden americano helado aunque se estén congelando y los cupones de café que vuelan en cada cumpleaños con las apps para regalar, y el café es prácticamente el idioma común de Corea. ¿Quieres la versión romántica de este mundo? Empieza por Coffee Prince.