
hanok (한옥)
La casa tradicional coreana: postes de madera, techo de tejas y un patio vacío en el centro. Está pensada para las cuatro estaciones, con una sala abierta para el verano y pisos calientes para el invierno.
Toda la estructura es de madera. Los postes se apoyan sobre piedras, encima van las vigas, luego las viguetas y al final las tejas. Un techo de tejas puede pesar varias toneladas, así que los postes tenían que ser gruesos. Las paredes se cubrían con barro y se terminaban con papel hanji, y la cocina quedaba más abajo que los cuartos para que el fuego del fogón corriera bajo el piso de ondol. Esos aleros largos y curvos no son solo estética: protegen los postes de la lluvia y del sol fuerte. Los patrones pintados de colores que ves en palacios y templos se llaman dancheong.
El techo decía quién eras. Los aristócratas tenían tejas; la gente común, paja. Las casas grandes de los yangban se dividían en alas separadas para las mujeres, para recibir visitas y para los sirvientes. El hanok sencillo de un solo piso que todos imaginan se fijó a finales de Joseon; antes, en Silla y Goryeo, había casas decoradas con oro, techos con tejas de celadón y hasta pabellones de dos pisos. Por eso el argumento de que "si tiene dos pisos no es hanok" no se sostiene mucho.
La palabra hanok apareció recién a fines del siglo XIX, cuando llegaron las casas de estilo occidental. Durante la ocupación japonesa se construyeron muchas "casas Joseon" mejoradas, con agua corriente, luz eléctrica y puertas de vidrio, y buena parte de los hanok que siguen en Bukchon son de esa época. En los años 60 y 70 se veían como casas viejas para demoler, y en su lugar se levantaron edificios de departamentos.
El giro llegó en los 2000. La ola del bienestar los puso de moda otra vez y dormir en una casa antigua se volvió plan. La aldea hanok de Jeonju y la aldea Hahoe en Andong se volvieron paradas obligadas, y los hanok escondidos en callejones de la ciudad renacieron como cafés y hostales. Casi todo drama histórico transcurre en uno. Eso sí: al entrar, los zapatos se quedan afuera.