decodeK

jayeongeop (자영업)

PalabraEconomíaVida diariaLo esencial

Tener tu propio negocio. En Corea casi uno de cada cuatro trabajadores es su propio jefe, por eso 'me jubilo y abro una pollería' es chiste y estadística al mismo tiempo.

Los números impresionan. En 2018, el 25.1% de los ocupados en Corea eran trabajadores por cuenta propia, muy por encima del promedio de la OCDE (15.3%). El porcentaje viene bajando desde su pico de 69.3% en 1964 y quedó en 22.4% en 2025, pero sigue entre los más altos del mundo desarrollado. Cada año casi un millón de personas abre un negocio y unas 800 mil lo cierran. Según datos de 2016, siete de cada diez pequeños negocios no llegan a los cinco años.

¿Por qué tantos? Las empresas coreanas se fijan muchísimo en la edad y la experiencia, así que si te toca un despido masivo a los cuarenta, volver a entrar es casi imposible. Después de la crisis del FMI de 1997, cuando se acabó el empleo para toda la vida, la jugada típica pasó a ser: agarras la liquidación, pides un préstamo y abres un local. Todos se van a rubros que no piden habilidades especiales, así que en cada cuadra hay una pollería y un café. Hubo un titular que decía que Corea tenía más pollerías que locales de McDonald's en todo el planeta, y hay tantos cafés que la gente habla de la República del Café. En un estudio global de 2013, el 36.5% de los emprendimientos nuevos en Corea eran 'por necesidad'. De 26 países, Corea fue el único que pasó de un tercio.

Ser jefe no significa que te vaya bien. El alquiler y los impuestos pesan un montón, y como el dueño no es empleado, la ley laboral no lo protege. Cada vez que sube el salario mínimo, los negocios chiquitos con trabajadores de medio tiempo son los primeros en sentirlo. En 2020, las restricciones por COVID limitaron los horarios y los cierres se dispararon (lo que cambió la pandemia). A fines de 2024, cada trabajador por cuenta propia debía en promedio más de 300 millones de wones. Súmale las comisiones de las apps de delivery y los restaurantes de los chaebol metiéndose en los barrios, y la brecha entre grandes y pequeñas empresas no para de crecer.

El K-content ama este tema. En Alley Restaurant, Paik Jong-won entra a restaurantes que se están hundiendo y les arregla todo, con errores de novato incluidos. En Extreme Job, unos detectives abren una pollería como fachada y termina siendo un éxito. En Itaewon Class, un chico abre una pequeña pocha en Itaewon y se enfrenta a un gigante de la comida. Todas estas historias están paradas sobre esas cifras.