ijunodong (이주노동)
Venir de otro país a trabajar por un plazo fijo. Corea creó su Sistema de Permisos de Empleo en 2004, y hoy las fábricas, granjas y astilleros de provincia prácticamente no funcionan sin estos trabajadores.
Todo empezó con el programa de 'aprendices industriales' de 1993. Se llamaba capacitación, pero en la práctica era mano de obra barata: no los trataban como trabajadores y llovieron los abusos de derechos humanos, las coimas en el reclutamiento y la gente que se quedaba sin papeles. Como corrección, en agosto de 2004 arrancó el Sistema de Permisos de Empleo (EPS) y el programa de aprendices terminó en 2006. Hoy quien entra con visa E-9 tiene garantizados el mismo salario mínimo, seguro de accidentes laborales y derechos laborales que un coreano.
El camino de entrada está marcado. Los países de origen están repartidos por Asia, entre ellos Mongolia, Vietnam, Indonesia, Tailandia, Filipinas, Nepal, Bangladés y Uzbekistán, y los postulantes primero deben aprobar el EPS-TOPIK, un examen de coreano para el trabajo. Cada estancia dura hasta 4 años y 10 meses, y se puede volver a aplicar una vez más, así que hay quien se queda casi una década. Ese número tan exacto no es casual: se queda justo antes de los cinco años seguidos que se necesitan para la residencia permanente o la naturalización. Tampoco se puede traer a la familia. La idea es recibirlos como mano de obra, pero no dejar que se establezcan.
La gran pelea es lo difícil que es cambiar de empleador. Los cambios están limitados, así que quien sufre salarios impagos, le quitan el pasaporte u otro abuso de poder no puede irse fácilmente. Un recurso ante la Corte Constitucional fue desestimado, y organizaciones civiles piden un 'permiso de trabajo' que permita elegir empleo libremente. Como se concentran en trabajos peligrosos, aparecen seguido en las noticias sobre accidentes laborales.
Aun así, muchos lugares no aguantarían sin ellos: granjas y pueblos pesqueros de un campo que los jóvenes abandonaron, parques industriales de provincia y los astilleros de ciudades como Ulsan. El gobierno también cambió el rumbo, subió mucho las cuotas y amplió las visas para que los trabajadores calificados se asienten con su familia. El país del Milagro del río Han ahora depende de trabajadores que llegan de afuera. Buena parte de los extranjeros que viven en Corea que te cruzas en la tienda o en un restaurante de barrio llegó por este sistema.