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choejeoimgeumgwa alba (최저임금과 알바)

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Cada verano una comisión fija el salario por hora del año siguiente, y la cifra se vuelve noticia nacional al instante. Para quien trabaja medio tiempo es ingreso y para el dueño del local es costo, así que chocan de frente cada año.

'Alba' es la forma corta de 'arbeiteu', tomada del alemán Arbeit (trabajo), y en Corea sirve para cualquier chamba de medio tiempo. La caja de la tienda de conveniencia, el café, la cocina del local de pollo frito: esos lugares donde los veinteañeros de los doramas siempre están trabajando se mueven casi todos con el salario mínimo.

El salario mínimo coreano existe desde 1988. Una comisión con nueve representantes de los trabajadores, nueve de los empresarios y nueve miembros de interés público lo delibera, y el ministerio de trabajo debe fijarlo antes del 5 de agosto de cada año. Un lado llega pidiendo un aumentazo y el otro un congelamiento, y que se levanten de la mesa ya es casi tradición.

'10.000 wones la hora' fue un eslogan político durante años. Varios candidatos lo prometieron en la elección presidencial de 2017, y en 2018 hubo un salto del 16,4 %, de 6.470 a 7.530 wones, el mayor aumento desde 2001. La reacción fue durísima, llegó el COVID, el ritmo se frenó y la barrera no se cruzó hasta 2025 (10.030 wones). Para 2026 son 10.320. Si trabajas más de 15 horas a la semana sin faltar, te pagan además un día de descanso, el subsidio semanal, y por eso el sueldo mensual se calcula sobre 209 horas.

Las discusiones no se acaban. Con una proporción altísima de negocios propios, el costo laboral se convierte rápido en miedo a cerrar, y es el primer número que sale cuando se explica el auge de las tiendas sin personal. Cada año se propone fijar tarifas distintas por sector y cada año se rechaza. También hay una paradoja: los turnos tranquilos en tiendas de conveniencia se pelean, mientras los trabajos físicamente pesados que pagan lo mismo no encuentran a nadie. Y los soldados que cumplen el servicio militar quedan fuera del salario mínimo. Para entender a la generación N-po, la fiebre por el examen de funcionario público o el trabajo de plataformas, empieza por este número.