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Trabajar después de jubilarse

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Mucha gente sale de la empresa un día y al siguiente ya está trabajando de guardia de seguridad, repartidor o chofer. En Corea, jubilarse no suele ser el momento de descansar, sino el de buscar el segundo trabajo.

La edad legal de retiro en Corea es 60. Antes era solo una recomendación, hasta que la ley la volvió obligatoria: desde 2016 para las grandes empresas y desde 2017 para todas, cualquier edad de retiro menor a 60 es nula. El problema es que la edad para cobrar la pensión nacional está subiendo a 65, y eso deja un hueco de más de cinco años sin sueldo ni pensión. En Corea le dicen 'la grieta de la pensión'. En 2025 el gobierno propuso subir la edad de retiro a 65, pero las empresas prefieren recontratar y los sindicatos quieren una extensión general, así que el tema sigue trabado. Y siempre aparece el argumento de que les quitaría empleo a los jóvenes.

El trabajo clásico para tapar ese hueco es la caseta de vigilancia de los edificios. Basta con una capacitación, así que contratan sin problema a gente de sesenta y tantos, y muchos anuncios dicen directamente 'se prefiere gente mayor'. A cambio: turnos de 24 horas, sueldo cerca del mínimo y vecinos cuyo gapjil termina en las noticias. En 2020, en Ui-dong (Seúl), un guardia murió después de sufrir golpes y acoso de un residente, y el caso indignó al país. Hoy muchos también terminan en trabajos físicos como clasificar paquetes, chofer designado o reparto por aplicación.

Las raíces llegan hasta la crisis del FMI de 1997. Cuando se derrumbó el 'trabajo para toda la vida', el papá despedido que invierte su liquidación en un local de pollo frito se volvió un cliché nacional, y con eso creció el peso del trabajo por cuenta propia. Súmale el envejecimiento más rápido del mundo y los mayores que trabajan ya no son la excepción: son el paisaje.

Los doramas lo muestran seguido. En My Mister, el hermano mayor, sacado de su empresa, sobrevive con trabajos de limpieza en el barrio. En Ode to My Father, Deok-su trabaja como minero en Alemania y en una zona de guerra en el extranjero, y después defiende su tiendita hasta la vejez. Por eso los papás de la pantalla casi nunca se toman un respiro.