Extranjeros que viven en Corea
A julio de 2026, alrededor de 2,9 millones de extranjeros viven en Corea. Un país que antes presumía de ser 'una sola etnia' ahora escucha una docena de idiomas todos los días en fábricas, granjas, universidades y tienditas de barrio.
Por nacionalidad, China va muy por delante con cerca de 1,03 millones, y más de la mitad son joseonjok, coreanos étnicos de China. Después vienen Vietnam, Estados Unidos, Tailandia, Uzbekistán y Nepal. Entre los de nacionalidad rusa están los koryo-saram, descendientes de coreanos que se dispersaron por la antigua Unión Soviética. En estudiantes internacionales, China y Vietnam van empatados con unos 75 mil cada uno.
La historia muestra lo rápido que cambió todo. La primera comunidad extranjera de verdad fueron los chinos que llegaron desde la dinastía Qing a finales del siglo XIX; el barrio chino de Incheon es su herencia. Durante el dominio japonés vivieron en la península más de 700 mil japoneses, pero casi todos se fueron tras la liberación. Después de la guerra, la zona alrededor de las bases estadounidenses, sobre todo Itaewon, era donde más se veían extranjeros. El gran giro llegó en los noventa: la economía creció, faltaban manos y Corea empezó a recibir trabajadores migrantes con programas de aprendices y luego un sistema de permisos de trabajo, mientras los solteros del campo que se casaban con extranjeras formaban familias multiculturales.
Las cifras no paran de subir. Pasaron los 2,5 millones en 2019, bajaron a 1,97 millones con el COVID, volvieron a romper los 2,5 millones en 2023 y desde entonces marcan récord cada año. De fondo está la natalidad más baja del mundo y el envejecimiento más rápido del planeta. Quién va a llenar las fábricas y los campos de las regiones que se vacían es, en el fondo, esta historia. Cada vez más jóvenes llegan con working holiday o visa de estudiante y se quedan.
La vida diaria no siempre es fácil. Atorarse en servicios en línea que piden verificación de identidad por celular o un número de registro de residente es casi un rito de iniciación, y la discriminación sigue siendo un tema. Hay quien dice que la etiqueta 'damunhwa' (multicultural) ya marca una frontera y propone decir 'de origen migrante'. Momentos como el debate sobre refugiados muestran lo dividida que puede estar la opinión. Aun así, los anuncios del metro suenan en inglés, japonés y chino, y en los barrios con muchos inmigrantes los letreros mezclan alfabeto cirílico y tailandés. Súmale a los miembros gyopo y extranjeros en los escenarios del K-pop, y queda claro que Corea ya es un lugar donde conviven muchas raíces.