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Un país que vive de exportar

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Corea casi no tiene recursos naturales y su mercado interno es chico, así que compra materia prima, fabrica y vende afuera. Por eso el tipo de cambio y la economía de otros países le pegan directo al sueldo de la gente.

Los coreanos aprenden esta historia desde la escuela. No hay mucho que sacar de la tierra ni gente suficiente para un gran mercado interno, así que el único recurso real era la gente. Por eso el comercio de procesamiento, importar materiales para terminarlos y reexportarlos, y los trabajadores que se iban al extranjero son escenas clásicas de la historia moderna. El resultado es el llamado milagro del río Han.

Hoy Corea está entre los primeros del mundo en volumen comercial, y en 2011 fue el noveno país en superar el billón de dólares sumando exportaciones e importaciones. Las estrellas son los chips, la construcción naval, los autos y las baterías. Es un país donde los resultados de Samsung Electronics se comentan como chisme de famosos.

El detalle es que todo lo de afuera pega fuerte adentro. La crisis del FMI de 1997 lo dejó claro, y en 2022 las materias primas caras y un won débil bajaron a Corea en el ranking de PIB. Por eso las noticias coreanas le dedican tanto tiempo a elecciones y guerras comerciales de otros países. La relación con Estados Unidos y China abre los noticieros tan seguido porque los dos son clientes enormes.

Esa mentalidad también define cómo se ve el Hallyu. Para el país, los dramas y el K-pop son una cosa más para vender, y el K-beauty y los ramen Buldak también aparecen en las cifras de exportación. Y al revés: el veto no oficial de China en 2016 mostró lo que pasa cuando un mercado grande cierra la puerta.