jadongcha (자동차)
La empresa que antes hacía autos baratos ahora arrasa con premios de diseño y títulos de auto del año. En Corea el coche es una de las grandes exportaciones y, además, una tarjeta de presentación que dice qué edad y qué estatus tiene quien maneja.
Todo arranca con el Pony de 1975. Considerado el primer modelo propio de Corea, salió con 85% de piezas nacionales, porcentaje que llegó a 93% en 1981. El nombre de la empresa es aún más viejo: el fundador Chung Ju-yung compró un taller y lo rebautizó Hyundai Motor Industrial en abril de 1946, cinco meses antes de que apareciera el nombre Honda. Cuando Hyundai compró Kia en 1999, un solo grupo quedó con casi todos los segmentos del mercado interno, y por ventas de 2026 ese grupo es el tercero del mundo, detrás de Toyota y Volkswagen. Así los autos se volvieron el producto estrella de una economía que vive de exportar.
El giro en el extranjero tiene su gracia. En Estados Unidos nadie se ponía de acuerdo en cómo pronunciar la marca, así que cuando el Genesis ganó el Auto del Año de Norteamérica en 2009, Hyundai usó un comercial del Super Bowl para enseñar la pronunciación. En Reino Unido, al superar el 10% del mercado en 2022, lanzó anuncios pidiendo que la llamaran simplemente 'Hyundai'. El atrevido Sonata YF de 2009 dicen que influyó en diseñadores de otras marcas, y después la empresa fichó al diseñador coreano detrás de Bumblebee de Transformers. Su centro de investigación es tan cerrado que a los visitantes les pegan calcomanías sobre la cámara del celular.
La cultura del auto en casa es otra historia. Un solo coche sirve para ir al trabajo, llevar a los niños, hacer el súper y salir de viaje, así que lo que más se vende es de tamaño mediano para arriba. La escalera clásica era compacto a los 20, mediano a los 30 y grande a los 40, y hubo una época en que un empleado nuevo llegando en un sedán grande se ganaba miradas feas en la oficina. Hasta nació el término 'car poor' para quien se endeuda por presumir un buen auto. Hoy el metro funciona tan bien que muchos jóvenes ni se compran coche.
Manejar trae su propio paisaje: la cámara de tablero que casi todos llevan, el chofer designado que se pide después de la cena de la oficina, la guerra por estacionamiento en los complejos de departamentos y las escapadas de fin de semana en SUV para acampar y dormir en el auto. En lo industrial, la ciudad fabril de Ulsan, las negociaciones con el sindicato que salen en las noticias cada año y la cadena de proveedores detrás de la brecha entre grandes y pequeñas empresas vienen en paquete. La próxima batalla ya se pelea en los autos eléctricos y las baterías.