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jeongicha (전기차)

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Los autos eléctricos se multiplicaron en Corea gracias a los subsidios y a más puntos de carga. Pero después de un incendio en el estacionamiento de un edificio en 2024, dónde pueden estacionarse y cargar se volvió pelea en cada conjunto de departamentos.

El lugar más fácil para subirte a uno en Corea es un taxi. Si pides uno por app de taxi, es muy probable que llegue un Ioniq 5 o Ioniq 6 de Hyundai, que hacen de 0 a 100 en 5.1 segundos, nivel sedán deportivo. Un taxi silencioso que sale disparado en el semáforo aparece seguido en reseñas de viajes a Corea.

Lo que impulsó la adopción fue el subsidio de compra del gobierno, pero tiene letra chica. Como los inviernos coreanos son durísimos, solo califican los autos que conservan al menos el 80% de su autonomía en frío (85% desde 2026), y si vendes al extranjero un auto subsidiado antes de ocho años tienes que devolver una parte. El enchufe también tiene su historia: en 2016 Corea adoptó el estándar norteamericano y luego Norteamérica se pasó al de Tesla, así que medio en broma se dice que Corea podría quedarse sola usándolo.

Todo cambió el 1 de agosto de 2024 con el incendio en un edificio de departamentos en Cheongna, Incheon. La batería de un eléctrico importado que llevaba tres días estacionado en el subterráneo, ni siquiera cargando, empezó a arder. Un empleado de administración pensó que era falsa alarma y cerró un momento la válvula de los rociadores; mientras tanto el cableado se quemó y el fuego corrió por el techo casi ocho horas. Cientos de autos se quemaron o quedaron cubiertos de hollín, y unas 480 viviendas se quedaron sin agua ni luz en pleno verano. No hubo muertos. Cuando se supo que el auto llevaba una batería de un proveedor distinto al que se había dicho, el gobierno pidió a todas las marcas revelar quién les fabrica las baterías, y las coreanas fueron las primeras en hacerlo.

El golpe más fuerte se sintió dentro del danji. Aparecieron avisos prohibiendo eléctricos en el subterráneo y muchos vecinos exigieron mover los cargadores a la superficie. El problema: muchos edificios construidos desde los 2010 ni siquiera tienen estacionamiento en superficie. Se sumó otra pelea vecinal a la guerra por estacionar y al ruido entre pisos. Las estadísticas que muestran que los eléctricos se incendian mucho menos que los de gasolina no cambiaron gran cosa, y los usados llegaron a perder hasta la mitad de su valor. Aun así, mientras siga en pie la promesa de reducir carbono, el auto eléctrico sigue en la lista de pendientes.