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La promesa de recortar carbono

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Corea prometió llegar a cero emisiones netas de gases de efecto invernadero para 2050. En un país que vive de sus fábricas y exportaciones, decidir qué recortar, cuánto y para cuándo es prácticamente decidir el futuro de su industria.

Neutralidad de carbono no significa dejar de emitir por completo: significa absorber o retirar lo mismo que sueltas para que el saldo quede en cero. El tema explotó en los titulares coreanos en 2020. En julio la meta entró al Green New Deal coreano y el 28 de octubre el presidente la anunció ante la Asamblea Nacional como "neutralidad de carbono 2050". Ojo, en 2008 el gobierno ya había lanzado algo parecido bajo la bandera del crecimiento verde. Que cada gobierno cambie la envoltura es un clásico en un país con un solo mandato presidencial de cinco años.

En agosto de 2021 se aprobó la Ley Marco de Neutralidad de Carbono y Corea se volvió el país número 14 en poner esa meta por ley. El texto fijó un recorte de al menos 35% frente a 2018 para 2030, y el plan del gobierno subió la apuesta a 40%. A la industria no le hizo gracia. A diferencia de las economías ricas centradas en servicios, Corea se sostiene con sectores pesados como los semiconductores, el acero, la petroquímica y la construcción naval, y los empresarios dijeron que la meta era durísima. Ahí se ve el dilema de una economía que tiene que exportar.

Si miras de dónde salen las emisiones: más o menos 37% energía, 36% industria, 13.5% transporte y poco más de 7% edificios. Por eso cualquier debate termina en de dónde sale la electricidad. Cuándo cerrar las plantas de carbón, qué tan rápido crecer en renovables, qué hacer con la nuclear: todo se vuelve pelea política. En las calles se nota con los autos eléctricos y en las empresas con los anuncios de los grandes conglomerados. Samsung Electronics se comprometió con el cero neto a 2050 en 2022, LG lo hizo en 2023 y la ciudad de Gwangju fue más allá con 2045.

El giro llegó desde los tribunales. En agosto de 2024 el Tribunal Constitucional declaró la ley incompatible con la Constitución porque no fijaba metas concretas para los veinte años entre 2031 y 2050, dejando desprotegidas a las generaciones futuras. El Congreso tenía hasta el 28 de febrero de 2026 para corregirla. No llegó, y esa disposición perdió vigencia. Hay meta final, pero los números intermedios quedaron en blanco.

En el día a día se ve mucho más cerca. Las reglas sobre vasos desechables en los cafés, la famosa y estricta separación de basura, noches tropicales cada vez más largas y estaciones que ya no se comportan igual. En Corea una meta climática nacional baja hasta tu termo y la etiqueta que le quitas a la botella de plástico.