ilhoeyongkeop (일회용컵)
Taza de cerámica si te quedas, vaso desechable si te lo llevas. En un país con un café en cada esquina, este vasito se volvió el frente más ruidoso de la política ambiental coreana.
El vaso de papel nació en Estados Unidos en 1908, cuando un joven llamado Hugh Moore dejó la universidad para crear un vaso que no se rompiera. Con la gripe española de los años 1910, nadie quería compartir vasos y el invento explotó. En Corea hoy es casi una herramienta de cocina. El vaso estándar de 6,5 onzas tiene unos 185 ml, así que "tres vasos de papel de agua" es la medida no oficial para preparar ramyeon (más o menos los 550 ml del paquete). En pícnics, retiros universitarios y bienvenidas a los novatos, el soju también se sirve en vasos de papel, y todos saben que una botella alcanza justo para dos.
El problema es la escala. Solo en 2013 Corea usó unos 12 mil millones de vasos de papel, y en 2017 cada persona ya tomaba más de 400 cafés al año. El apodo de república del café y la costumbre del americano helado aunque sea pleno invierno terminan como bolsas llenas de vasos. La ironía: cuando en 2021 se prohibieron los vasos de plástico para consumir dentro del local, el uso de vasos de papel subió. Y ojo: por dentro llevan una capa finita de polietileno, así que el café caliente no es problema, pero meterlos mucho rato al microondas sí.
Ahí entra el depósito por vaso. Pagas un extra con tu bebida y te lo devuelven al regresar el vaso. Corea lo aplicó de 2002 a 2008 y luego lo eliminó. En 2020 el gobierno aprobó su regreso para junio de 2022, en unas 38 mil cafeterías y panaderías de cadenas con más de 100 locales. Los dueños se opusieron con fuerza. Muchos preguntaron por qué las tiendas de conveniencia, que usan montones de vasos, quedaban fuera, y cuando se intentó sumarlas, protestaron sus dueños y los empleados de medio tiempo. Al final, el sistema sobrevivió solo en algunas regiones.
¿Entonces el termo es la solución? No tan rápido. Según un cálculo de 2019 de investigadores de Corea y Canadá, un termo de acero inoxidable tiene que usarse unas 220 veces para emitir menos carbono que los vasos de papel. O sea, el termo de regalo que duerme en la alacena sale perdiendo. Esta palabra arrastra consigo las reglas para separar la basura y la gran promesa climática, y ahora que hasta el café se pide por apps de delivery, el dilema ya salió del mostrador.