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hangangui gijeok (한강의 기적)

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El nombre del crecimiento ultrarrápido con el que un país reducido a cenizas por la guerra se volvió potencia industrial en pocas décadas. La velocidad, la competencia y buena parte de las sombras de la Corea actual tomaron forma en esa época.

El nombre es prestado. A la rápida recuperación de Alemania Occidental tras la guerra se le llamó 'milagro del Rin', y en Corea, recién salida de la Guerra de Corea, se dijo que había que lograr lo mismo en el río Han. Suele abarcar desde el primer Plan Quinquenal de Desarrollo Económico de 1962 hasta justo antes de la crisis financiera de 1997. La historia casi siempre arranca con MacArthur, que según se cuenta miró Seúl en ruinas y dijo que reconstruirla tomaría cien años.

Los números parecen inventados. En 1961 el PIB per cápita de Corea era de 94 dólares, una quinta parte del promedio mundial. En 2025 pasaba de 36.000 dólares, unas 2,5 veces el promedio mundial. Entre 1962 y 1997 la economía creció cerca de 9,5% al año. Cuando las exportaciones llegaron a 10.000 millones de dólares en 1977, el presidente presumió que a Alemania Occidental le tomó 11 años y a Japón 16 hacer ese recorrido, y a Corea solo 7. El país que vivía de la ayuda externa entró a la OCDE en 1996 y, en 2010, al grupo de países donantes.

El motor fue una apuesta exportadora en la que el Estado empujaba a las empresas y premiaba a las que cumplían metas con crédito barato y beneficios fiscales. El resultado: Samsung Electronics, Hyundai, la siderúrgica POSCO y una industria naval que peleó el primer lugar del mundo. Ulsan, designada centro industrial en 1962, fue el epicentro. La contracara fue una economía cargada hacia los chaebol. La película Ode to My Father retrata a los padres de esa época que se fueron a las minas de Alemania y a obras en el extranjero.

La factura fue alta. Muchos coreanos ven este periodo como motor de su éxito y a la vez raíz de sus problemas sociales, de ahí la frase 'el crecimiento se puede comprimir, la madurez no'. En la lista entran la cultura del ppalli-ppalli, la guerra de exámenes por el prestigio universitario, jornadas laborales eternas y el derrumbe de Sampoong, cuando todo lo que se saltó por construir rápido se vino abajo de golpe. Hasta hubo gente movilizada a la fuerza para obras en nombre del crecimiento. La economía creció mientras la política seguía cerrada, y esa brecha estalló en las exigencias de democratización. La carrera se quebró una vez, con la crisis del FMI de 1997. Aun así, cuando el país ya podía darse el lujo, empezó a vender cultura, y de ahí salió el hallyu. O sea, el K-content que ves hoy es algo así como la secuela.