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minjuhwa (민주화)

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El proceso con el que la gente común terminó, en las calles, con la era de generales y dictadores. En 1987 Corea recuperó la elección directa del presidente, y es la época a la que el cine y la música coreanos vuelven más que a ninguna otra.

Empieza con la Revolución del 19 de Abril de 1960, cuando estudiantes y ciudadanos indignados por un fraude electoral sacaron a Syngman Rhee. Al año siguiente vino un golpe militar, y el gobierno de Park Chung-hee se atornilló al poder con el sistema Yushin. En 1979, justo después de las protestas en Busan y Masan, Park murió baleado por alguien de su círculo cercano. Llegó una breve Primavera de Seúl, hasta que la nueva cúpula militar de Chun Doo-hwan tomó el poder con el golpe del 12 de diciembre, la noche que retrata 12.12: The Day. En mayo de 1980, las tropas dispararon contra la población en Gwangju (el Levantamiento de Gwangju).

El golpe decisivo llegó en 1987. Cuando el estudiante Park Jong-chul murió bajo tortura y Lee Han-yeol cayó herido por un cartucho de gas lacrimógeno, el país entero estalló. Tras la Lucha Democrática de Junio, el régimen aceptó reformar la Constitución para volver a la elección directa. Esos meses están en la película 1987: When the Day Comes, y A Taxi Driver, The Attorney y el drama Sandglass te llevan a la misma época. La banda sonora de las protestas fue Rocío de la mañana y Marcha por el amado; esta última se ha vuelto a cantar en otros idiomas en protestas de Asia, Hong Kong incluido.

En 1951 un diario británico escribió que esperar democracia en Corea era como esperar que brotara una rosa de un basurero. Por eso el orgullo es tan grande: esta democracia no se recibió desde arriba, se ganó peleando desde abajo. También por eso los coreanos son especialmente sensibles a palabras como golpe o ley marcial.

Y ese recuerdo sigue en presente. En el invierno de 2016, las velas llenaron Gwanghwamun y terminaron en la destitución de una presidenta. Con la ley marcial de diciembre de 2024, la gente corrió a la Asamblea Nacional y el decreto se levantó en unas dos horas y media; el juicio político que siguió terminó con un fallo unánime que destituyó a un presidente por segunda vez. Hasta la novela de Han Kang sobre Gwangju, Actos humanos, clave en su camino al Nobel, se lee como parte de la misma historia.