tanhaek (탄핵)
Es el proceso en el que la Asamblea Nacional lleva a juicio a un alto funcionario, como el presidente, y el Tribunal Constitucional decide si lo destituye. Corea ya sacó así a dos presidentes en funciones.
La palabra es antigua. Aparece más de 9.000 veces en los anales de la dinastía Joseon, donde los funcionarios la usaban para denunciar a colegas corruptos. Hoy las reglas están en el artículo 65 de la Constitución. Para acusar a un presidente, la mayoría de los diputados debe presentar la moción y dos tercios deben aprobarla. En cuanto se aprueba, el presidente queda suspendido y el primer ministro asume como interino. El veredicto no lo da el Congreso sino el Tribunal Constitucional, una diferencia clave con el modelo de juicio en el Senado de Estados Unidos.
Ojo con esto: en las noticias coreanas, 'fue destituido' muchas veces solo significa que pasó la votación en la Asamblea. El final real es la sentencia del tribunal. Si el tribunal rechaza el caso, el funcionario vuelve a su puesto como si nada.
La primera prueba llegó en 2004 con el presidente Roh Moo-hyun. La Asamblea aprobó la acusación con 193 votos, pero la calle pensaba algo así como '¿sacar a un presidente electo por esto?'. El tribunal la rechazó en mayo y los partidos que la impulsaron se llevaron una paliza en las elecciones legislativas siguientes. Ese fallo también fijó la regla: para destituir hace falta una violación grave de la ley.
La segunda vez fue distinta. Después de que el escándalo de tráfico de influencias llenara las plazas de velas, en diciembre de 2016 la Asamblea votó 234 a favor de acusar a Park Geun-hye y los ocho jueces la destituyeron por unanimidad. Fue la primera destitución de un presidente en funciones desde 1948. La tercera llegó tras la ley marcial de diciembre de 2024. La primera votación contra Yoon Suk Yeol se cayó por falta de quórum, pero una semana después pasó con 204 votos, y esta vez la gente llevó lightsticks de K-pop a las protestas. El tribunal volvió a fallar por unanimidad y lo destituyó.
Las consecuencias pesan. Quien es destituido no puede ser funcionario público durante cinco años ni ser enterrado en el cementerio nacional. Si cae un presidente, hay que elegir otro en 60 días, así que el reloj del mandato único de cinco años vuelve a cero. La responsabilidad penal sigue aparte, y por eso Corea termina viendo seguido a expresidentes en el banquillo. Mientras tanto, una serie de acusaciones contra ministros, un primer ministro y fiscales que el tribunal rechazó abrió el debate sobre si la herramienta se está usando como arma política. Dato curioso: el primer líder coreano destituido fue Syngman Rhee, como presidente del gobierno provisional en 1925. Para los coreanos, el impeachment es la prueba de que la democratización funciona de verdad, y cada paso se sigue en vivo con encuestas.