A Taxi Driver
Un taxista de Seúl que necesita con urgencia 100.000 wones para pagar la renta atrasada lleva a un reportero alemán directo a Gwangju en mayo de 1980. Esta película de 2017 cuenta esos días desde los ojos de un hombre que no sabía nada, y la vieron 12 millones de personas.
Se basa en una historia real: Jürgen Hinzpeter, el periodista alemán cuyas imágenes mostraron al mundo lo que pasó durante el Levantamiento de Gwangju, y Kim Sa-bok, el taxista que lo llevó hasta allá. La dirige Jang Hoon (Secret Reunion, The Front Line). Song Kang-ho es el taxista Man-seob, y Thomas Kretschmann, a quien Hollywood suele dar papeles de villano, interpreta a Hinzpeter. Kretschmann, que de joven escapó de Alemania del Este, se entusiasmó tanto que terminó invitando a cenar al director. En Gwangju aparecen el taxista local Hwang Tae-sool, de Yoo Hae-jin, y el universitario Jae-sik, que habla algo de inglés, de Ryu Jun-yeol. Fue la primera vez que Song y Yoo compartieron protagonismo de verdad.
Su gran arma es la mirada. Man-seob empieza como un tipo de Seúl sin interés en política que ve con fastidio a los estudiantes que protestan. Cuando logra cruzar el retén y entra a Gwangju, la gente le responde con el dialecto de Jeolla: nosotros tampoco sabemos por qué nos hacen esto. Al juntar la cámara de un reportero extranjero con los ojos de un coreano al que la censura mantenía a oscuras, cualquiera que se acerque a esta historia por primera vez puede seguirla. ¿Volver a Seúl con su hija o regresar por el pasajero que dejó atrás? Esa vuelta en U es el corazón de toda la película.
La canción que Man-seob tararea al inicio es "Short Hair" de Cho Yong-pil, una leyenda famosa por negar sus temas al cine. Dicen que aceptó en el acto al ver el guion y el nombre de Song. Una versión de AKMU se grabó, pero solo quedó para la promo. Y la sonrisa enorme de Song en el póster no fue una foto posada; un fotógrafo del set la capturó en un descanso. En Corea hay una broma: entre más sonríe Song Kang-ho en el póster, más triste es la película. Aquí se cumplió.
En taquilla fue un fenómeno. Llegó a 4 millones en cinco días, superó la marca de los diez millones el 20 de agosto, su día 19, y cerró con unos 12,19 millones como la película más vista de 2017. El presidente fue a verla sin aviso entre el público común, con la viuda de Hinzpeter a su lado. Ganó Mejor Película en los premios Blue Dragon y Grand Bell y fue la candidata de Corea al Óscar. Mientras tanto, el entorno de Chun Doo-hwan seguía llamando "disturbio" a Gwangju y amenazó con demandar, lo que le salió muy mal. Se estrenó justo después de que saliera a la luz la lista negra cultural del gobierno, así que mucha gente la leyó también en ese contexto.
Afuera la reacción fue igual de fuerte. China continental bloqueó el estreno y hasta las búsquedas en internet, y espectadores chinos en el extranjero dijeron que les recordó Tiananmén. En Hong Kong se estrenó con un título que significa "el conductor que desafía al poder", igual que The Attorney y 1987: When the Day Comes allá, así que las tres quedaron como una trilogía de resistencia no oficial. De hecho, en 1987 hay una escena donde se proyecta en secreto en una universidad el video que Hinzpeter grabó en Gwangju. Netflix Japón también fue criticada por describir el levantamiento como un "disturbio" antes de cambiarlo a "movimiento democrático".
Conviene saber qué cambió la película. El verdadero Kim Sa-bok hablaba inglés con fluidez y tenía muchos corresponsales extranjeros como clientes, y su taxi probablemente era negro, no verde. Hinzpeter viajó con un ingeniero de sonido, y la persecución final y el sacrificio de los otros taxistas son dramatización. Kim nunca se recuperó de lo que vio y murió en 1984. Si quieres los mismos hechos contados como novela, está Actos humanos de Han Kang. Para sentir por qué Gwangju se considera el punto de partida de la democratización coreana, este taxi es la puerta más fácil.