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Cho Yong-pil

Cho Yong-pil

PersonaCantanteAños 80LeyendaLo esencial

El único al que Corea llama “Gawang”, el Rey de los Cantantes. Cho Yong-pil se adueñó de toda la década de los 80 cantando rock, trot y baladas con una sola voz, y sigue sacando discos pasados los setenta.

Nació en 1950 en Hwaseong, provincia de Gyeonggi, como el hijo menor de una familia rica que tenía un molino de arroz. Su padre, muy estricto, veía la música como cosa de vagos, así que en el último año de prepa Cho se escapó de casa; su hermano mayor lo trajo de vuelta y él volvió a irse, varias veces. En 1968 arrancó como guitarrista y cantante en los clubes del Octavo Ejército de EE. UU., que en ese entonces eran la escuela donde prácticamente nació el pop coreano. Mide 164 cm, de ahí su apodo: “el Pequeño Gigante”.

La primera chispa llegó en 1975 con Come Back to Busan Port. Coincidió con las visitas a la patria de los coreanos residentes en Japón, explotó primero en Busan y luego en todo el país. Hasta hoy es el canto número uno de la afición de los Lotte Giants. Dos años después, sin embargo, lo arrastró la redada contra la marihuana que sacudió al mundo del espectáculo. Su análisis de sangre salió limpio y lo liberaron sin cargos, pero igual él y Shin Jung-hyun quedaron vetados de los escenarios hasta 1979. Ese parón lo cambió todo: se clavó con el pansori, estudió voces rasposas como las de Rod Stewart y Joe Cocker, y transformó su voz dulce y delgada en la que todos conocen hoy.

En 1979 formó su banda The Great Birth, y su primer disco, al año siguiente, vendió más de un millón de copias. Él mismo contó que escribió la canción principal en unos 15 o 20 minutos, después de que un productor de radio le pidiera un tema para una radionovela. La década que siguió fue totalmente suya. Cuando Can't Find the Oriole estuvo diez semanas seguidas en el número uno de Gayo Top 10 de KBS, el programa creó la regla de la “Copa de Oro” para que ninguna canción pasara más de cinco semanas arriba. Solo sus victorias documentadas en programas musicales suman 78. Las chicas que lo perseguían de concierto en concierto gritando su nombre eran algo tan nuevo que salieron en el noticiero de las nueve, y de ahí se popularizó la expresión oppa budae, la “brigada oppa”. Hoy aparece en el diccionario oficial del coreano.

Su discografía parece una feria de géneros: hard rock, punk, synth-pop, jazz fusión, el canto folclórico Han Obaengnyeon, el trot Heogong y hasta canciones infantiles. Y casi todo fue hit. Friend fue la primera canción pop incluida en los libros de música escolares, y desde 1987 se presentó cuatro años seguidos en el Kohaku Uta Gassen de la NHK japonesa, el primer cantante extranjero en lograrlo. En una encuesta de un periódico en 1998 sobre el mejor cantante de Corea quedó primero, seguido de Lee Mi-ja, Na Hoon-a y Seo Taiji. Por eso se dice que los 80 fueron de Cho Yong-pil y los 90, de Seo Taiji.

En 1987 anunció que ya no aceptaría premios de fin de año de la televisión y se mudó por completo a los conciertos. Metió más del 90% de lo que ganaba en equipo de sonido y hasta se compró dos camiones de volteo para cargarlo. Es famosa la anécdota de su papá preguntándole a un periodista por qué su hijo superestrella seguía rentando, sospechando que alguien se quedaba con el dinero. Esa inversión se volvió récord: ocho conciertos en el Estadio Olímpico de Jamsil, y los de 2003, 2005 y 2018 con boletos agotados bajo lluvia torrencial. En 2010 un escenario de 120 metros de ancho se desplazó 80 metros por la cancha y juntó a 100 000 personas en dos noches. Los días de sus conciertos, el metro extiende su último tren. Casi nunca invita a otros artistas porque no le alcanza el tiempo para tantos hits; la única excepción, su show de 35 aniversario en 2003, tuvo a Shin Seung-hun y g.o.d, entre otros. Fue el primero en llegar a la cima de la escalera de recintos que los artistas coreanos todavía persiguen.

Tras la muerte de su esposa en 2003 se encerró durante años y pasó una década sin disco de estudio. Entonces, en 2013, su álbum 19 sacudió al país. Hello tenía un verso del rapero Verbal Jint, y Bounce, que cantaban hasta los niños de primaria, llegó al número uno de los programas musicales sin que él se presentara en ninguno. En un año lleno de Gentleman de PSY, Growl de EXO y The Red Shoes de IU, Bounce fue elegida Canción del Año. Un señor de sesenta y tantos que escucha a Katy Perry y Bruno Mars saltó la brecha generacional como si nada. En 2024 lanzó su disco número 20.

Lo curioso es que a él le da pena lo de “Rey” y prefiere que le digan simplemente Cho Yong-pil. El “Rey Demonio” del rock, Shin Hae-chul, lo tenía como ídolo, y Lee Seung-chul recuerda que, en tiempos en que los productores les gritaban a los novatos, los directivos del canal salían en persona a recibir a Cho. Cuenta la leyenda fan que cuando se pasa de copas se va a un noraebang y canta solo sus propias canciones. También es un filántropo discreto: donó la herencia de su difunta esposa para tratar a niños con enfermedades del corazón. En 2005 fue el primer cantante surcoreano en dar un concierto en solitario en Pyongyang, y en el concierto de 2018 en Pyongyang cantó cuatro canciones, más que nadie. Sus estadios llenos de fans de todas las edades son, además, el molde del fenómeno del fandom de mamás que hoy encabeza Lim Young-woong.