
Na Hoon-a
El emperador del trot, el cantante al que en Corea llaman directamente el Rey de la Canción. Pasó medio siglo esquivando la tele y, con un solo concierto de Chuseok en 2020, dejó a todo el país pegado a la pantalla.
Se llama en realidad Choi Hong-ki y creció en Choryang, Busan. Oficialmente nació en 1947, pero la versión más aceptada es que es de 1951 y se subió la edad para que nadie lo ninguneara por debutar siendo menor. Su papá trabajaba en barcos mercantes, así que en los años 50 tenían gramófono en casa, y él soñaba con ser cantante lírico. Un compañero de prepa todavía recuerda una excursión en la que Hong-ki cantó una canción y todo el valle estalló en gritos. Una disquera le ofreció grabar gratis y ahí cambió su destino. Su padre, que lo imaginaba médico o juez, nunca lo aceptó. Él cuenta 1966 como su año de debut.
Todo está en la voz: unos graves pesados y llenos de fuerza, más el kkeokki, ese quiebre repentino que tuerce la nota. Es tan único que cuando alguien canta sus temas suele terminar imitándolo, y hubo una época llena de falsos Na Hoon-a. Tiene más de 120 éxitos, más de 1,200 canciones escritas por él y unas 3,000 grabaciones. Se dice que es el artista con más temas en los catálogos de karaoke. En concierto levanta un brazo si la canción tiene su letra o su música, y los dos si la escribió completa.
Los 70 fueron un duelo entre él y Nam Jin. Nam Jin era el galán urbano y pulido; Na, más rudo, un cantautor que le cantaba al pueblo natal y al campo, y encima venían de regiones rivales. Los fans se gritaban insultos de un lado a otro del auditorio. En 1972 un atacante le cortó la cara con un vidrio de botella en pleno show: 72 puntadas y una cicatriz que sigue ahí. Corrió el rumor de que Nam Jin estaba detrás, pero la investigación no encontró ninguna relación.
La leyenda va más allá de la música. En 2008, cuando se regó un rumor escandaloso sobre su cuerpo, convocó una rueda de prensa de una hora, se subió a la mesa y llevó la mano al cierre del pantalón, retando a los periodistas a elegir a alguien para comprobarlo. Los fans gritaron que le creían, el pantalón se quedó en su lugar y el rumor murió ese mismo día. Se considera el momento en que las celebridades coreanas dejaron de tragarse los chismes y empezaron a demandar. Cuando la familia Samsung le pidió cantar en una fiesta privada, respondió más o menos: si quieren oírme, que compren boleto. En 1992 rechazó una candidatura al Congreso con el partido oficialista. Y en un show en Osaka en 1996 metió de improviso Dokdo es nuestra en un canto popular, lo que le valió amenazas de muerte.
La división del país atraviesa su obra. Tras visitar Pyongyang en un intercambio artístico de 1985, escribió Pyongyang Ajumma en el tren de regreso, y los desplazados del Norte lloraban con ella. Pero en 2018 se saltó a propósito el concierto surcoreano en Pyongyang. Se cuenta que Kim Jong-un preguntó por qué no había ido; después Na dijo en un concierto que frente a ese hombre no le saldría una canción de amor. Hasta hubo reportes de adolescentes castigados en Corea del Norte por cantar su tema Sanae.
Cuando volvió en 2017 tras unos 11 años lejos del escenario, los shows de Seúl se agotaron en tres minutos. Los hijos peleaban la venta en línea por sus papás, y en internet se decía que conseguir boletos te convertía en buen hijo. Abundaron las reseñas tipo: llevé a mi mamá y el que salió fan fui yo. Fue el fandom de las mamás en su máximo poder. En Mr. Trot de 2020, Young Tak cantó Sanae y Lee Chan-won se apoyó en sus temas en momentos clave, así que su catálogo prendió el regreso del trot. Él jamás aceptó ser jurado. Ni Yoo Jae-suk lo conoce en persona: es la celebridad a la que ni las celebridades llegan.
Cuando el COVID golpeó a Daegu a inicios de 2020, donó en silencio 300 millones de wones. Ese Chuseok se unió a KBS para el concierto sin público que metió ¡Hermano Tes! en todas las casas. Cuando le preguntaron cómo quería ser recordado, dijo que es cantante de canciones de moda, que pasan, y que eso de quedar en la memoria le parece ridículo. También dio de qué hablar al decir que ningún rey ni presidente arriesgó la vida por el pueblo. En la encuesta de Gallup Korea sobre cantantes favoritos quedó tercero en 2019, detrás de BTS y Jang Yoon-jung, y cuarto en 2024, después de Lim Young-woong, IU y BTS. Ya en 1994 aparecía arriba junto a Lee Mi-ja y Cho Yong-pil.
Alguna vez dijo que una superestrella necesita que un 30 por ciento de la gente la odie. Sobre su aura misteriosa, asegura que es un malentendido: simplemente desaparece medio año leyendo y preparando cada canción. Un video de 2022 donde blande una espada contra monstruos le ganó el apodo de K-Geralt, por el protagonista de The Witcher. El último capítulo fue su gira nacional de 2024, Gracias. En un concierto en Seúl en enero de 2025 criticó a los políticos de ambos lados tras la ley marcial, lo que generó polémica, y se retiró después del show del 12 de enero.