La semana de 52 horas
Es la norma que limita la semana laboral en Corea a 52 horas. Fue un intento de cambiar por ley una cultura donde quedarse hasta tarde era sinónimo de ser buen empleado, y se aplicó por etapas desde julio de 2018.
La cuenta es así: 40 horas de jornada normal más un máximo de 12 de horas extra. Esa fórmula ya existía en la Ley de Normas Laborales. El truco estaba en cómo se leía "una semana". Durante años se entendió que el fin de semana no contaba, así que las empresas podían sumar 8 horas el sábado y 8 el domingo a las 52 de entre semana y llegar legalmente a 68. El 20 de marzo de 2018, bajo el gobierno de Moon Jae-in, una reforma agregó una sola línea: una semana son siete días, incluidos los de descanso. Con esa frase, 68 se volvió 52.
No llegó a todos al mismo tiempo. Primero, en julio de 2018, instituciones públicas y empresas de 300 empleados o más; en enero de 2020, las medianas y pequeñas; y en julio de 2021, los negocios de 5 a 49 trabajadores. Los lugares con menos de cinco empleados fijos siguen fuera, por eso el ritmo fue tan distinto según dónde trabajaras.
Lo más curioso: ni las horas extra "voluntarias" se permiten. Si un empleado decide por su cuenta pasar de 52 horas, la sancionada es la empresa, porque no hay forma confiable de saber si esa noche larga fue elección propia o presión del ambiente. Así que es el patrón quien tiene que mandar a la gente a casa, y violar la ley puede costar hasta dos años de prisión o una multa de hasta 20 millones de wones. Desde entonces se volvió común ver cómo las luces de las oficinas se apagan todas a la vez al caer la tarde. Coincide con el paso de una época en que el yageun (quedarse a trabajar tarde) y el hoesik (la cena con el equipo) eran obligados, a otra donde salir a tiempo y el worabael (equilibrio vida-trabajo) son vocabulario diario.
Mucha gente queda fuera. Los servidores públicos, incluidos militares y maestros, no están cubiertos por las reglas de jornada. Médicos y enfermeras también están excluidos; los residentes tienen su propio tope de 80 horas, que según los críticos casi no se respeta. Estudiantes de posgrado, agricultores y pescadores, y quienes trabajan en barcos y aviones también son excepción. Los trabajadores por cuenta propia ni siquiera son "trabajadores" ante la ley, así que no tienen límite, y por esa misma lógica el trabajo de reparto por apps queda fuera.
Luego vino el jaloneo político. En 2023 el gobierno de Yoon Suk Yeol propuso ampliar la unidad con la que se administran las horas, y cuando salió la cuenta de que una semana pesada podía llegar a 69 horas, el plan se ganó el apodo de "semana de 69 horas" y la reacción fue durísima. El 14 de noviembre de ese año el gobierno anunció que mantendría el tope de 52 y la idea murió. Ese diciembre, la Corte Suprema decidió que el límite de horas extra debe contarse por semana y no por día, y volvió la discusión de si eso abría la puerta a concentrar horas en pocos días muy largos.
Hubo efectos que nadie esperaba. Antes, los grandes sindicatos industriales recuperaban el salario perdido en una huelga metiendo horas extra durante semanas. Con el tope, esa cuenta dejó de cerrar, y hay quien señala que los sindicatos de trabajadores fijos de Hyundai Motor y Kia no han hecho una huelga general desde que entró la norma.
¿Por qué fue tan importante en Corea? Para la generación que levantó el Milagro del río Han, trabajar muchas horas era una virtud y quedarse tarde era prueba de compromiso. Por algo tantos oficinistas se vieron reflejados en el drama Misaeng. Con la llegada de la generación MZ se extendió la idea de que salir a tu hora no es egoísmo, y a los jefes aferrados a lo de antes les tocó el apodo de kkondae. Aun así, en lugares que funcionan a puro ppalli-ppalli y en sets de producción con poco personal, siguen diciendo que es difícil aplicarla. Y los críticos apuntan que muchas veces no se cumple, porque a la empresa le basta con corregir cuando la descubren, mientras que quien denuncia carga con las consecuencias. La ley cambió el reloj; la cultura se pone al día a su propio ritmo.