jiyeok chukje (지역 축제)
Llenarte de lodo, romper el hielo para pescar, caminar bajo un túnel de flores. Cada pueblo coreano elige una estación, arma su festival y se juega buena parte del año en esos pocos días.
Las cifras impresionan. Un conteo del Ministerio de Cultura de 2014 encontró 555 festivales organizados solo por gobiernos locales, y cerca de 800 si sumas los más pequeños que no cumplían los criterios oficiales. En 2012 habían llegado a 758, hasta que el gobierno recortó apoyos para frenar la avalancha. Casi todos siguen la fórmula 'lugar + producto típico + festival', y octubre, con buen clima y cosecha, es la temporada alta. La primavera se apoya en los cerezos en flor y el otoño en el follaje rojo.
Hay dos casos de éxito que siempre salen. El Festival del Lodo de Boryeong arrancó en la playa de Daecheon en 1998, después de que un alcalde viera en una película de TV a una pareja embarrándose en una cita y pensara en mascarillas de lodo. Para 2019, cerca de una cuarta parte de sus 1.4 millones de visitantes eran extranjeros. En Hwacheon, provincia de Gangwon, el festival del Sancheoneo pone a la gente a perforar un río congelado para pescar truchas, y recibe más de un millón de visitantes al año desde 2003. Pero en 2020 un invierno cálido lo aplazó dos veces, y con el hielo de apenas 18 cm la zona de pesca nunca abrió. Las estaciones cambiantes ya deciden si estos festivales se hacen o no.
Algunos se apoyan en siglos de tradición, como el festival de Dano en Gangneung. Otros reinventaron la imagen de una ciudad, como Jeonju con sus festivales de cine y de música sori. Y si recuerdas que Chuseok, Seollal y la primera luna llena eran antes fiestas de todo el pueblo, los festivales locales de hoy vienen a ocupar ese mismo lugar.
También tienen su lado B. Vendedores ambulantes de pupas de gusano de seda y corn dogs recorren todo el circuito, así que cada evento se parece al anterior, y los escándalos por precios abusivos vuelven cada año. En el programa 2 Days & 1 Night un vendedor quiso cobrar 210,000 wones por tres bolsas de dulces de antaño y el país entero se indignó. Aun así, las regiones que enfrentan el despoblamiento se aferran más que nadie a esos días. Ver una calle tranquila de pueblo repleta de gente es el campo coreano en su versión más viva.