decodeK

pojangmacha (포장마차)

PalabraComidaAlcoholK-dramaLo esencial

Una carpa naranja, bancos de plástico, una botella de soju y un vaso de caldo de pastel de pescado. Si alguien en un k-drama está a punto de abrir su corazón, lo más probable es que esté sentado aquí.

El nombre tiene su chiste. En hanja significa "carreta cubierta con tela" y originalmente se refería a las carretas del Lejano Oeste estadounidense. La versión coreana no tiene ni caballo ni carreta: es un carrito con postes y una lona que de noche se vuelve un bar improvisado, y mucha gente le dice "pocha". Hoy también hay "pochas techadas" que recrean el ambiente de carpa dentro de un local normal. Los puestos que venden bungeoppang o tteokbokki sin alcohol son parte de la misma familia.

En pantalla, la pojangmacha significa clase trabajadora. El villano rico se sirve whisky en un bar elegante; el protagonista se sienta solo en una pocha con su botella de soju. Cuando un personaje adinerado entra a una, el mensaje es claro: esta persona viene de abajo. Series como My Mister usan estos rincones del barrio cuando quieren mostrar calidez entre la gente. Cuando la rapera Mirani metió en Show Me the Money un verso sobre su mamá atendiendo una pocha, el público coreano entendió al instante "lucha y sacrificio", mientras que un reactor extranjero lo interpretó como la historia de una madre alcohólica.

La realidad es otra: lo que más sorprende a los fans que llegan buscando la experiencia es el precio. La botana de una pocha cuesta casi lo mismo que en un restaurante, pero en porciones más chicas. Una explicación común es que la gente llega en la segunda ronda ya medio borracha y deja de revisar la carta. Además, las carpas callejeras se han reducido mucho desde los 2010, así que los dramas recientes están mudando la escena de beber a solas a la mesita de un minisúper o a una banca del parque.

En lo legal también es complicado. Un puesto sin permiso en la vía pública, en principio, debe retirarse. Antes había simpatía por los vendedores que se ganaban la vida así, pero las quejas por banquetas bloqueadas, higiene y precios inflados enfriaron esa imagen. Cada vez más ciudades permiten registrarse, pagar una cuota por uso de la vía y vender legalmente en casetas estandarizadas, y la competencia justa con los negocios propios que pagan renta sigue siendo tema de debate.