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doseogwan (도서관)

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Sirve para pedir libros prestados, claro, pero en Corea la biblioteca es más famosa como lugar para estudiar. En época de exámenes, la pelea por un asiento empieza desde temprano.

La verdadera protagonista de una biblioteca coreana no son los estantes, es la sala de lectura: filas de escritorios con separadores, silencio total y llena de estudiantes de prepa y universidad, además de aspirantes al examen de servidor público que no quieren pagar una sala de estudio privada. Pasas tu credencial o carnet de estudiante por una máquina en la entrada, te asigna un lugar, y si desapareces demasiado tiempo el asiento se libera solo. En temporada de Suneung, admisiones y recursadas, la fila se forma antes de que abran. Si te cachan apartando lugares con el carnet de un amigo, te pueden suspender.

Por eso las quejas casi nunca son 'faltan libros'. Son 'no hay lugares en exámenes' y 'hay mucho ruido'. A los coreanos les sorprende de verdad saber que las bibliotecas públicas de EE. UU. casi no tienen escritorios con separadores. Los bibliotecarios, en cambio, ya están cansados. Desde los noventa el gobierno intenta convertir las bibliotecas en centros culturales de barrio con libros y actividades, y una guía de espacios de 2021 puso las salas de libros por delante de las de estudio. Pero intenta cerrar una sala de lectura y verás. Una biblioteca central en Gunpo, en Gyeonggi, quitó la suya en una ampliación, recibió ocho demandas administrativas y terminó reconstruyendo el espacio de estudio. El distrito de Mapo, en Seúl, optó por abrir una sala de estudio pública aparte para poder decir: 'a estudiar allá, por favor'.

Ese hueco lo llenaron los study cafés, que venden escritorios por hora en cada cuadra. Suma a la gente con laptop instalada en cualquier café y Corea prácticamente tiene un mercado de lugares para estudiar. Aun así, a diferencia de una librería, la biblioteca es gratis, así que es la parada matutina favorita de quien persigue la vida god-saeng.

En números, todavía le falta. A finales de 2018 había 1,096 bibliotecas públicas, muchas menos que en EE. UU., Reino Unido o Japón. Las bibliotecas pequeñas en complejos de departamentos y barrios, en cambio, ya pasaban de 6,000. Y desde 2012 el servicio Chaegieum te deja pedir libros en bibliotecas públicas de todo el país con una sola credencial.

De regalo, una frase deportiva: cuando gana el equipo visitante y la afición local se queda muda, en Corea dicen que 'la convertiste en biblioteca'. En la final del Mundial de League of Legends 2020, el grito de ShowMaker de 'hagamos una biblioteca en Shanghái' se volvió un clásico entre los fans coreanos de esports.