nail (네일)
En Corea, 'nail' casi siempre significa arte de uñas, no la uña en sí. No es un lujo de ocasión especial sino un mantenimiento cada pocas semanas, y las uñas que lleva un idol en el escenario se vuelven tendencia casi al instante.
La palabra viene del inglés, pero si una coreana dice "voy a hacerme el nail", está hablando de su cita en el salón. El Instituto Nacional de la Lengua Coreana recomienda usar un término nativo; nadie le hace caso. Todo empezó en Itaewon, el barrio de los extranjeros. La Asociación Coreana de Uñas nació en 1997, la moda se masificó en los 2000 y desde 2014 el trabajo de uñas es una rama oficial de la licencia nacional de estilista. Es una profesión en serio.
Hoy mandan las uñas de gel. Se curan con lámpara UV, conservan el brillo y pueden durar casi un mes. Un arreglo básico cuesta entre 10,000 y 20,000 wones, con gel sube bastante, y si agregas diseños, apliques o extensiones pasas los 200,000 sin esfuerzo. Por eso, igual que en el salón de belleza, abundan las membresías prepagadas con descuento. Para días de presupuesto corto hay stickers de uñas de gel por 10,000 a 20,000 wones, apilados en Olive Young y Daiso.
Las manicuristas coreanas tienen un nivel altísimo en general, así que la escena es famosa entre fans del K-beauty en todo el mundo. Hay extranjeros que buscan ideas en Instagram con el hashtag en hangul #네일아트, y una cita de uñas ya es parada oficial en un viaje a Seúl.
También está pegado al fandom. Las uñas de tu bias en un escenario o una sesión de fotos se convierten en una captura que le enseñas a tu manicurista, y eso es parte del fangirleo. La gente combina sus uñas con el color del grupo antes de un concierto, y en una tira de fotos de cuatro cortes, los dedos brillando en un corazoncito son el punto. No es merch, pero es el mismo impulso: llevar puesto lo que amas.
Eso sí, no todas las manos pueden. En las cocinas de restaurantes el esmalte está prohibido por higiene, y en oficinas conservadoras o entre músicos las uñas van cortas y al natural.