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Seong-Jin Cho

PersonaMúsica clásicaPianoRécord

El primer coreano en ganar el Concurso Internacional de Piano Frédéric Chopin, en 2015. Después, su álbum en vivo del concurso hizo algo insólito: se metió en la lista anual de álbumes de Corea, rodeado de puro disco de idols.

Nació en Seúl en 1994 y tardó tanto en hablar que su mamá estuvo preocupada hasta que cumplió cuatro. A los seis acompañó a unos amigos a una academia de piano del barrio y ahí empezó todo. Probó el violín a los siete, pero a los diez se quedó con el piano por la razón más entendible del mundo: se toca sentado. Sus papás nunca lo presionaron para practicar y le decían que podía dejarlo cuando quisiera.

Luego vino una racha imparable. A los 14 ganó el Concurso Internacional Chopin para Jóvenes Pianistas de Moscú, y a los 15 se convirtió en el ganador más joven y el primer asiático en llevarse el Concurso Internacional de Piano de Hamamatsu, en Japón. Ese triunfo le dio, con apenas 15 años, la exención artística del servicio militar coreano, que cumplió con cuatro semanas de entrenamiento básico en 2014. Su tercer lugar en el Concurso Chaikovski de 2011 también tiene historia: la categoría de piano era para mayores de 18, pero el director Valery Gergiev lo escuchó y movió hilos para bajar la edad mínima. Fue el finalista más joven. En 2012 se fue a estudiar al Conservatorio de París, pasando un examen de francés para entrar, y los clips donde habla francés fluido en la radio francesa se volvieron otra razón para que sus fans se enamoraran.

Varsovia, octubre de 2015. Pasó cada ronda del Concurso Chopin sin tambalearse y se convirtió en el primer coreano y apenas el tercer asiático en ganarlo, llevándose además el premio a la mejor polonesa. Lo de detrás de cámaras es todavía mejor. Cuando se publicaron las hojas de puntuación, un jurado le había puesto 1 de 10 en la final, pero como casi todos los demás le dieron 9 o 10, igual ganó por cinco puntos. Cho lo tomó con calma y dijo que cada quien evalúa con sus propios criterios. En cambio, el legendario pianista Krystian Zimerman le escribió a la violinista Chung Kyung-wha, apenas oyó a Cho abrir la final, que ya no hacía falta escuchar a nadie más. Él odia tanto competir que no puede dormir durante los concursos, y confesó que lo mejor de ganar fue no tener que volver a entrar a uno.

El verdadero giro vino después. Su álbum en vivo con Deutsche Grammophon se vendió como pan caliente en Corea y llegó al puesto 35 de la lista anual de álbumes Gaon de 2015, el único lanzamiento que no era de idols en el top 50. Para noviembre de 2016 llevaba unas 89,000 copias solo en Corea, una cifra sin precedentes para la música clásica allá. Hoy es el ejemplo obligado para explicar por qué a Corea le dicen potencia de los concursos y cómo un público joven empezó a llenar las salas para escuchar clásica en vivo.

Su faceta de reemplazo de último minuto parece película. En 2017, cuando Lang Lang se bajó por una tendinitis, Cho entró en parte de la gira de la Filarmónica de Berlín con Simon Rattle, debutando con el concierto de Ravel, y dijo que se sintió mejor que ganar el Chopin. En 2022, cuando la invasión rusa a Ucrania obligó a la Filarmónica de Viena a cambiar de solista para una fecha en el Carnegie Hall, a Cho le avisaron en Berlín la noche anterior. Practicó en el lobby de un hotel hasta las tres de la mañana, voló a Nueva York y tocó el Segundo Concierto para piano de Rajmáninov, una obra que no había tocado en dos años. En una gira por Estados Unidos ese mismo año se le perdió el equipaje, así que dio un recital en tenis y pants deportivos y sacó los siguientes con trajes prestados.

Su fandom coreano tiene intensidad de idol. En 2022, las 7,500 butacas de un concierto al aire libre en el anfiteatro de la Universidad Yonsei se agotaron en un minuto, y todo el público soltó un suspiro al oír la primera nota de su encore, Clair de lune de Debussy. Las filas de firmas son tan largas que lo han visto con una muñequera para aguantarlas. Sus fans le dicen Chopang (Cho más Chopin) y Chotori, por el hámster Hamtaro al que dicen que se parece. Su único pedido al público: tosan tapándose con un pañuelo. También ha dicho que prefiere que la gente se enamore de la clásica tal cual es, y no que la clásica se vuelva más pop para gustar.

Fuera del escenario es súper tranqui. Suele despertarse a la hora de la comida, le encanta ir de cacería de postres y colecciona tazas de ciudades de Starbucks. El kimchi no le fascina por lo ácido, pero dice que aguantar la comida picante es lo más coreano que tiene. V de BTS contó que le encanta escucharlo tocar, y en 2023, en You Quiz on the Block, Cho aclaró que comparte apellido con el conductor Jo Se-ho pero no el mismo clan, y reveló que su mamá es fan de él. En los vuelos no escucha música sino que maratonea series, y dijo que La gloria le gustó mucho.

Hoy vive en Berlín. Fue artista en residencia de la Filarmónica de Berlín en la temporada 2024/25 y tiene un Artist Portrait con la Sinfónica de Londres en 2025/26. En 2025 lanzó la obra completa para piano solo de Ravel y ganó el premio al instrumentista del año en los Opus Klassik de Alemania. Siempre lo mencionan junto a Yunchan Lim, siete años menor, como el que abrió ese camino primero.