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kongkureu gangguk: concours + 강국 (콩쿠르 강국)

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El fenómeno de ver nombres coreanos una y otra vez en el podio de los concursos internacionales de música clásica. Los aplausos siempre llegan con una etiqueta pegada: producto de un sistema educativo ultracompetitivo.

'Kongkureu' es la versión coreana del francés 'concours', concurso. En los eventos internacionales se suele escribir 'Competition', y aunque en Corea se ve mucho la forma 'kongkul', la ortografía oficial es 'kongkureu'. Dato curioso: en Irán, el examen nacional de admisión a la universidad se llama 'konkur', de la misma raíz francesa. Concurso y examen de ingreso en una sola palabra, algo que a Corea le queda sospechosamente bien.

El punto de partida que más se cita es el segundo lugar compartido de Chung Myung-whun en el Concurso Chaikovski de 1974. Desde ahí los logros se fueron amontonando. En 2015 Cho Seong-jin se convirtió en el primer coreano en ganar el Concurso Chopin, y en 2022 Lim Yun-chan ganó el Van Cliburn a los dieciocho, el ganador más joven de su historia. The New York Times eligió sus presentaciones en el concurso entre lo mejor del año, la primera vez que un escenario de competencia entraba en esa lista, y el canal de YouTube del Cliburn pasó de unos 7 000 suscriptores a más de 100 000 en pocos meses. En el Chaikovski de 2023, los primeros lugares de violín, violonchelo y canto fueron todos coreanos.

Eso cambió el panorama en casa. Los recitales de las estrellas se volvieron guerras de boletos al nivel de un concierto de idols, y ir a la sala de conciertos volvió a estar de moda. Los bots que acaparan boletos se volvieron tal problema que empujaron una ley contra la reventa con bots. Hay quien lo llama la rama clásica de la ola coreana.

También tiene su lado oscuro. Los niños que pasan de hagwon en hagwon y de clase particular en clase particular para prepararse comparten raíz con la carrera por el ingreso universitario, y las clases de arte pesan fuerte en el gasto en educación privada. Hay quien lo compara con el sistema de trainees del K-pop: elegirlos chicos y entrenarlos por años. Mientras tanto, alguien como Jung Jae-il llevó su formación clásica a las bandas sonoras de cine. Por eso los triunfos y la crítica siempre llegan en combo.