jeongi jangpan (전기장판)
Un tapete eléctrico que pones en el piso o en la cama para dormir encima. No calienta el cuarto, solo el lugar donde apoyas la espalda, y en Corea el invierno empieza oficialmente el día que lo sacas del clóset.
Para los coreanos, el calor vive en el piso, no en el aire. Por el ondol, la tradición del piso calefaccionado, la sensación de que solo duermes bien con la espalda calientita sobrevivió a la llegada de las camas, así que el tapete termina encima del colchón. Las ventas explotan cuando el otoño se pone fresco y caen en pleno invierno, porque quien lo necesitaba ya lo compró. En muchas casas, el día del tapete llega antes que la primera nevada.
La clave es la factura de luz. Un tapete típico de 200W en nivel medio, diez horas diarias durante un mes, cuesta unos pocos miles de wones, una fracción mínima de lo que consume un calefactor. Por eso estudiantes que viven solos, gente en sótanos banjiha con corrientes de aire y cualquiera que le tema al recibo del gas o de la cuota de mantenimiento pasan el invierno con un tapete y una cobija gruesa. El detalle: el aire fuera de la cobija sigue helado, y queda esa escena muy coreana de espalda calientita y nariz congelada.
El producto no deja de cambiar: tapetes de piel sintética, cobertores eléctricos de tela, tapetes de agua caliente y, hacia 2020, los de fibra de carbono. Hasta hay un truco para detectar los baratos: ponlo al máximo y acerca unos audífonos conectados. Entre más zumbido, peor la fuente de poder.
Ojo con algunas cosas. Por riesgo de incendio y el costo de la luz, es el objeto prohibido número uno en dormitorios, cuarteles y gosiwon. Usarlo sobre látex o espuma viscoelástica, o dejar el control encima del tapete, es receta para un incendio, por eso los modelos nuevos traen la advertencia de no usarlo sobre látex. Para guardarlo, enróllalo en lugar de doblarlo o se rompen los cables. Parece invento coreano, pero el primer modelo moderno fue una almohadilla térmica que un médico estadounidense creó para sus pacientes en 1912, y en Japón el kotatsu ocupa un lugar parecido. Hoy también viaja en los planes de camping, y los gatos lo reclaman antes que los humanos.