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jeongsugi (정수기)

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Casi todas las cocinas coreanas tienen un purificador de agua, y la mayoría no se compró: se renta, pagando cada mes.

Lo curioso es que el agua de la llave en Corea es lo bastante limpia para tomarla directo. Aun así la gente tiene purificador por el olor a cloro y la desconfianza hacia las tuberías viejas. El origen que siempre se menciona es el derrame de fenol en el río Nakdong en 1991, que contaminó una fuente importante de agua potable y hundió la confianza en el agua de la llave. Por esas mismas fechas, Coway y Chungho Nais empezaron a rentar purificadores y las máquinas llegaron a todas las casas.

La renta funciona así: pagas una cuota mensual normalmente por cinco años (60 meses) y un técnico va seguido a cambiar filtros y limpiar el aparato. Al terminar el plazo la máquina es tuya, aunque justo ahí te llega la oferta para cambiarla por un modelo nuevo. Siempre sale el cálculo de que, sumando todo, termina costando más que comprarla, así que para hogares de una o dos personas el agua embotellada o un filtro barato bajo el fregadero suele ganar en gaseongbi (costo-beneficio). Aun así muchas familias rentan por funciones como el modelo que saca hielo al momento. Cuando el modelo pegó, la renta se extendió a otros aparatos como bidés y secadoras.

En Corea también le dicen 'purificador' al garrafón volteado que ves en oficinas y escuelas, aunque no filtra nada. Dato random: esos garrafones son de 18.9 litros porque siguen el estándar gringo de 5 galones. Seúl ha ido cambiando los purificadores de edificios públicos por dispensadores conectados a la llave para promover su marca de agua Arisu, y K-water, la empresa pública del agua, es famosa por no tener ni un solo purificador en sus oficinas.

Agendar la instalación del purificador es prácticamente lo primero al mudarte a un apartamento en Corea, así que los extranjeros que viven allá agarran la costumbre rapidísimo.