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El asesinato de la estación Gangnam

Suceso2016-05GéneroSociedadDebateLo esencial

En mayo de 2016, una mujer de veintitantos años fue asesinada por un desconocido en el baño de un bar cerca de la estación Gangnam, en Seúl. El tribunal lo atribuyó a la esquizofrenia, pero cómo leer esa muerte partió al país en dos.

Pasó hacia la 1 de la madrugada del 17 de mayo de 2016, en un edificio de la zona de bares de Gangnam, dentro de un baño mixto ubicado en el descanso de la escalera entre un bar de planta baja y el segundo piso. Un hombre de unos treinta años se escondió ahí cerca de hora y media. En ese rato entraron y salieron seis hombres y no tocó a ninguno. La primera mujer que entró fue la víctima, que estaba tomando con amigos abajo. Él trabajaba en un restaurante cercano y lo arrestaron hacia las 10 de la mañana, cuando llegaba a su turno.

Hasta el nombre tiene trampa. El lugar quedaba más cerca de la estación Sinnonhyeon, y el nombre oficial que usó la policía fue el del asesinato en el baño de un bar de Seocho-dong. Las primeras notas decían cerca de la estación Gangnam y así se quedó. Como arriba había un noraebang, algunos medios hablaron del baño del karaoke, aunque en realidad era del bar. Un periódico tituló llamando a la víctima la mujer del asesinato del karaoke y lo cambió tras una ola de quejas.

El giro llegó al día siguiente. En la salida 10 de la estación empezaron a aparecer notas adhesivas, una por una, hasta cubrir la pared, con crisantemos y rosas amontonándose abajo. Junto al duelo, las notas contaban los miedos cotidianos de muchas mujeres. El alcalde de Seúl prometió conservarlas y entre 50 y 60 voluntarios pasaron la noche trasladándolas. Luego vino otra pelea: cuáles mensajes se quedaron y cuáles no.

Esto es lo que encontró la investigación. El hombre había estado internado cuatro veces por esquizofrenia desde 2008, diecinueve meses en total, y había dejado la medicación tras su última alta. Dijo que las mujeres lo despreciaban, pero el daño que describía era delirante, como que las mujeres caminaban lento a propósito en el metro para hacerlo llegar tarde. En cinco días la policía concluyó que fue un ataque al azar causado por la enfermedad mental, y la fiscalía tampoco lo calificó como crimen de odio contra las mujeres. Del otro lado respondieron que dejar pasar a seis hombres y esperar a una mujer ya lo decía todo. Mientras tanto, las organizaciones de personas con discapacidad psicosocial alertaron sobre el estigma de ver a todo paciente como un peligro, y el abandono del tratamiento y el internamiento forzoso en psiquiatría entraron al debate.

El 14 de octubre de 2016, el tribunal de primera instancia dictó 30 años de prisión, tratamiento obligatorio y 20 años de brazalete electrónico. La apelación mantuvo la condena y en abril de 2017 la Corte Suprema rechazó el último recurso. Un juicio civil ordenó después pagar 500 millones de wones a la familia, aunque cobrarlos era otro asunto. El baño se separó por sexos y el edificio fue demolido en 2022 por una remodelación urbana.

El momento explica mucho del tamaño que tomó. Desde 2015 se venía acumulando en las comunidades en línea un discurso de odio dirigido al otro género, y Gangnam fue la primera vez que ese calor salió a la calle. Hubo enfrentamientos entre manifestantes en el memorial, y el reclamo de que las mujeres temen por su vida chocó de frente con la queja de que se trataba a todos los hombres como asesinos en potencia. Muchos lo señalan como el punto de partida de que el conflicto de género se volviera tema fijo en los titulares coreanos.

Por pura coincidencia, la novela Kim Ji-young, nacida en 1982 salió el mismo día de la primera sentencia. El caso está al frente de una cadena que pasa por la división en torno a ese libro y llega al MeToo de 2018. Quien viaja a Corea se sorprende de lo seguro que es, el país donde puedes dejar tu laptop en el café, y aun así la misma ciudad carga con la pregunta de si las mujeres realmente están a salvo. La lectura del tribunal y la de la calle siguen ahí, una al lado de la otra.