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La disputa de KARA con su agencia

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En enero de 2011, tres integrantes de KARA, en pleno boom en Japón, le notificaron a su agencia que rompían el contrato. Fueron 99 días de caos entre dos países hasta que se llegó a un acuerdo.

El contexto importa. Lee Ho-yeon, fundador de DSP Media y el hombre que armó a KARA, sufrió una hemorragia cerebral en marzo de 2010, y su esposa, sin experiencia en la industria, quedó al frente de la empresa. La persona en la que confiaban las chicas y sus padres ya no estaba. Justo en ese momento, el baile de caderas de Mister arrasaba en Japón. Entraba muchísimo dinero, pero la confianza ya se había roto.

El 19 de enero de 2011, Han Seung-yeon, Nicole, Goo Hara y Kang Ji-young enviaron la notificación a través de un bufete. La líder Park Gyu-ri no estaba en la lista. Esa misma tarde Goo Hara dijo que no estaba de acuerdo, y el grupo quedó dividido 3 a 2. Con la demanda de TVXQ todavía fresca, la que terminó con tres miembros formando JYJ, la prensa coreana ya temía un segundo capítulo.

Las quejas eran concretas: una directiva sin experiencia, un contrato exclusivo japonés que, según ellas, les presentaron como un simple formulario de registro, comisiones cobradas dos veces por DSP y su filial japonesa, y una tienda en línea que usaba su imagen. La agencia respondió que los padres recibieron traducción y dieron el visto bueno. Cuando se publicó que las ganancias por música digital rondaban los 130.000 wones por integrante, la expresión contrato de esclavitud volvió a todos los titulares.

Luego se volvió una pelea de toda la industria. Asociaciones de productores aseguraron que había "instigadores" detrás y hasta publicaron mensajes de texto como prueba; todos los señalados lo negaron. Tras una negociación maratónica el 27 de enero hubo una tregua para que las cinco siguieran trabajando en Japón, pero el 14 de febrero las tres presentaron una demanda para que se declarara inexistente el contrato, y todo volvió a arder.

El fandom también se partió. Circularon apodos para señalar bandos, y los padres en primer plano recibieron muchas críticas. Mientras tanto se supo que las integrantes se reunían en privado para ver cómo salvar al grupo, y que la menor lloró intentando frenar a sus papás. La lectura cambió: el conflicto era entre la agencia y los padres, no entre ellas.

El giro llegó desde Japón. En plena tormenta, el álbum Girl's Talk volvió al número 1 de Oricon más de un mes después de su lanzamiento, y el DVD de videos musicales superó las 130.000 copias. KARA se convirtió en el primer grupo femenino extranjero en encabezar la lista semanal de Oricon, y en el tercer acto coreano en lograrlo después de BoA y TVXQ. Un famoso de la tele japonesa incluso propuso una campaña contra la separación. Se calculaba que una ruptura costaría decenas de miles de millones de wones, y otros decían que el escándalo había sido pura promo gratis.

El 28 de abril, con la mediación de Tae Jin-ah, presidente de la asociación de cantantes, ambas partes firmaron y todo terminó tras 99 días. Al final salió bien parado. En Japón KARA se volvió una estrella casi local, de esas de las que se decía "no me gusta el Hallyu, pero KARA sí", y en 2013 fueron las primeras cantantes coreanas en dar un concierto propio en el Tokyo Dome. En Corea, el caso abrió una discusión más seria sobre pagos transparentes y quién decide la agenda de un idol, y volvió a poner sobre la mesa el contrato estándar. Más de diez años después, las mismas preguntas regresaron con la disputa de FIFTY FIFTY.