
Ahn Sung-jae
El chef que llevó el único restaurante con tres estrellas Michelin de Corea y jurado de Culinary Class Wars. Con una sola frase, "la carne no está cocida pareja", se volvió meme en todo el país.
Nació en Seúl en 1982 y en 1993, cuando cursaba sexto de primaria, emigró con su familia a San Diego. Sus papás pasaron por un puesto de calcetines, tiendas de ropa y un restaurante chino al estilo gringo, y él ayudaba a armar el puesto antes del amanecer. Ya adulto se enlistó en el Ejército de EE. UU., sirvió cuatro años como mecánico y fue desplegado en Irak. Al salir, el plan era ser mecánico de Porsche. Ya había pagado la escuela cuando, manejando, pasó frente a un campus de Le Cordon Bleu, vio a los estudiantes con filipina blanca y cambió de carrera ahí mismo. A los 24 sentía que iba tarde, así que empezó lavando platos en un restaurante antes de que arrancaran las clases.
Su entrada a la alta cocina fue Urasawa, un sushi de Beverly Hills. Le colgaban el teléfono y lo rechazaban en persona diciendo que preferían cocineros japoneses, así que se ofreció a trabajar gratis y aguantó hasta que, semanas después, lo contrataron. Justo antes de la final del Clásico Mundial de Béisbol 2009 entre Corea y Japón, el cliente frecuente Ichiro Suzuki descargó su enojo frente a él sabiendo que era coreano. Por esa época sintió que dedicarse solo al sushi no era su camino. Pasó por The French Laundry en Napa, fue parte del equipo fundador de Benu del chef coreano-estadounidense Corey Lee, y sin haber pisado nunca Marruecos ganó una estrella Michelin como chef ejecutivo del restaurante marroquí Aziza.
En 2016 abrió su propio lugar en San Francisco: Mosu, nombre que armó a partir de los cosmos que vio en un campo detrás de su casa antes de emigrar. Que un chef desconocido cobrara 195 dólares por un menú de degustación, récord para un local nuevo en la ciudad, hizo que un crítico influyente se negara a publicar reseña formal, y el restaurante casi cierra. En octubre de ese año, una estrella Michelin lo salvó. Tras casarse volvió a Corea para estar cerca de la familia y en 2017 abrió Mosu Seoul en Hannam-dong: una estrella en 2019, dos al año siguiente y en 2023 el único tres estrellas del país. En 2024 terminó su alianza con el inversionista CJ, cerró y perdió las estrellas, pero reabrió en marzo de 2025 en Itaewon-dong y obtuvo dos estrellas en la guía 2026. A diferencia de la mesa coreana donde todo sale al mismo tiempo, su menú avanza plato por plato, aunque hay algo que nunca se ha ido: un yakgwa estilo Gaeseong hecho a la manera de su abuela, que aprendió cocina de la corte real.
La mayoría lo conoció en 2024 con Culinary Class Wars de Netflix. Si Paik Jong-won juzgaba por el paladar popular, Ahn evaluaba técnica, proceso e intención, y era igual de estricto con los desconocidos que con los chefs estrella. Frases como "el punto de cocción de las verduras" y "cocido even" se regaron al instante: meter la palabra inglesa even tal cual en una oración coreana se volvió meme de konglish. Ese final "geodeong-yo" que se le oye es habla antigua de Seúl que se le quedó congelada desde que emigró a principios de los 90, un dialecto que hoy casi solo usan los abuelos. Dice que ningún plato llega a 100, así que 90 es prácticamente perfecto, y solo dos lo han conseguido: la pasta de gegukji de Napoli Matfia y el sushi de rábano de Choi Kang-rok. Dos temporadas seguidas se equivocó con el apodo de un concursante ("Napoli Matpizza" y un lapsus que sonó a "asesino serial"), y los dos terminaron ganando. También se volvió viral no poder soltar un tiramisú hecho solo con ingredientes de tienda de conveniencia, y su "rivalidad" con Choi Hyun-seok se hizo meme, aunque en la vida real se piden consejos de menú. Confesó que lo más duro fue el propio formato de supervivencia: tener que dividir a la gente entre aprobados y eliminados. Su compañero de mesa Paik, en cambio, terminó pidiendo disculpas una y otra vez por polémicas de etiquetado e higiene.
En YouTube es el papá que la riega con cariño. En un video navideño de 2025 su hija pidió galletas chiclosas de Dubái, dujjonku para abreviar (un clásico de las abreviaturas coreanas), y él les quitó malvavisco pensando en su salud: salieron duras como turrón. Internet las bautizó "gangjeong crujiente de Dubái" y se puso del lado de la niña. El video de revancha que hizo con ella pasó los 5 millones de vistas en un día y es el más visto de su canal.
A inicios de 2026 se regaron en un foro publicaciones sin fundamento que decían que en realidad era chino, y la productora del programa anunció acciones legales. Hasta la forma de escribir su apellido, Anh en vez del común Ahn, terminó en la teoría conspirativa; él explicó que fue un error de tipeo en los papeles de inmigración. Dicen que sonríe como una beluga y que se parece mucho a TAEYANG. Entrena MMA, ganó un torneo amateur de box, moja la carne en la salsa en vez de bañarla (y lo defiende a muerte) y no tiene idea de cómo usar una arrocera eléctrica.