
Yoon Mi-rae
Una de las raperas fundadoras del hip-hop coreano, que canta igual de bien que rapea. Convirtió en letras el racismo que vivió de niña como coreana negra y conquistó a una nueva generación con OSTs de dramas.
Nació en 1981 en una base militar de Killeen, Texas. Su papá es afroestadounidense y sirvió con las fuerzas de EE. UU. en Corea; su mamá es coreana. Su nombre legal es Natasha Shanta Reid, y Yoon Mi-rae es su nombre coreano, con el apellido de su madre. En esa época Corea solo daba la ciudadanía por vía paterna, así que hasta hoy es estadounidense. Su papá era DJ en el club de la base y en casa siempre sonaba música. La vida militar los llevó entre Estados Unidos, Corea y Alemania, y pisó Corea por primera vez a los diez años. Incluso en una escuela internacional de Seúl sufrió acoso por ser mestiza y negra, así que la dejó y terminó sus estudios con un examen equivalente. Ha contado que durante años no sabía si era estadounidense, coreana o negra, y que hoy está orgullosa de ser coreana. Mucho antes de que en Corea se hablara de familias multiculturales, ella ya subía esa historia al escenario.
En 1995, con catorce años, el productor Jeong Yeon-jun la descubrió mientras buscaba integrantes para el grupo Uptown. Debutó en 1997 a los quince, diciendo que tenía diecinueve, y nadie lo cuestionó. Una novata que rapeaba y cantaba R&B con la misma voz era rarísima. También pasó por el dúo Tashannie, cuyos sencillos fracasados Haru Haru y Gyeonggo fueron redescubiertos años después como joyas escondidas. Cuando Uptown se disolvió en 2000 por un escándalo de marihuana, se lanzó como solista y consiguió su primer número uno en Inkigayo de SBS con As Time Goes By.
Memories, del álbum Gemini de 2002, sigue siendo la canción que toda rapera coreana versiona alguna vez. De ahí viene la etiqueta 'la próxima Yoon Mi-rae' que le cuelgan a cualquier chica que rapea en serio. Pero justo después de su segundo disco su agencia quebró y todo terminó en los tribunales. Ella publicó que ganaba menos de un millón de wones al mes, la demandaron por difamación y en 2004 salió absuelta. La pelea congeló su carrera solista casi cinco años, y se mantuvo activa con colaboraciones y TV dentro de Movement, el crew de Tiger JK, donde también estaba Epik High. Justo el momento en que el hip-hop salía del sótano.
Volvió en 2007 con su tercer álbum y Black Happiness, una canción autobiográfica que cuenta sin dramatismo cómo lloraba de niña por su color de piel. La narración del medio la grabó su propio papá. Los fans la consideran su obra maestra, ganó Mejor Canción de R&B y Soul en los Korean Music Awards y en 2020 se convirtió en libro infantil. Ese mismo año se casó con Tiger JK, amigo desde los tiempos de Uptown, y en 2008 nació su hijo Jordan. Tiger JK suele decir que ni los raperos más rudos encuentran nada que criticarle musicalmente.
En los 2010, los OSTs de dramas la conectaron con otra generación. Touch Love para Master's Sun, un tema para La leyenda del mar azul, Flower para Aterrizaje de emergencia en tu corazón, Say para Itaewon Class, Lost para la segunda temporada de Stranger y It's My Life para Hospital Playlist 2. La más grande es Always, de Descendientes del sol en 2016, la canción con la que muchísimos fans extranjeros la buscaron por primera vez. Su racha muestra cómo el OST se volvió un mercado propio, y le valió el premio a Mejor OST en los MAMA y el de OST en los Melon Music Awards.
En 2011 fue jurado de Superstar K3 junto a Lee Seung-chul y Yoon Jong-shin, y llamó la atención por ser la única con críticas cálidas. Ese año MTV Iggy la incluyó en una lista de doce raperas del mundo a seguir y la llamó la reina del hip-hop coreano. En Corea se exageró como 'una de las 12 mejores raperas del mundo', aunque el artículo original no era un ranking. En 2012 colaboró en una canción de Far East Movement junto a Justin Bieber.
Hoy dirige con su esposo el sello Feel Ghood Music, forma con él el dúo MFBTY y comparte disquera con BIBI. En 2024 apareció en NEURON de j-hope. Mnet la nombró una de sus 100 artistas leyenda, y sus referentes son Da Brat y Lauryn Hill. El camino que abrió como artista negra y coreana dejó huella tanto en los integrantes de la diáspora que vinieron después como en el linaje de las grandes voces femeninas.