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jeon buchigi (전 부치기)

jeon buchigi (전 부치기)

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Cuando llegan las fiestas, todo se pasa por harina y huevo y se fríe en aceite. Son horas frente a la estufa, y a quién le toca quedarse ahí es la pelea que vuelve cada año.

El jeon es un plato y a la vez una técnica: rebanadas finas de verduras, pescado o carne fritas en sartén. Hay dos bandos. El de masa protagonista, como el pajeon de cebollín o el de kimchi, y el de bocaditos, donde filetes de abadejo, rodajas de calabacita o mini hamburguesas se cubren de harina y huevo. Las montañas de las fiestas son casi todas del segundo tipo, justo el que más trabajo da.

Antes el aceite, la harina de trigo y el huevo eran lujos, así que el jeon quedó como comida de días grandes: Seollal, Chuseok, los ritos a los ancestros, las bodas. Hoy los ingredientes son baratos, pero el jeon sigue siendo el símbolo de las fiestas. Hasta se dice que buena parte del aceite de soya de Corea se va en estas frituras.

El problema es la chamba. Limpiar, sazonar, empanizar y voltear pieza por pieza. Hasta los 2000, hijas y nueras pasaban el día entero friendo, y al final hasta el olor a aceite les revolvía el estómago. Palabras como siworld y todo el debate de conflicto de género van muy pegados a esta escena. Y ojo con el "hagamos poquito": se fríe menos, pero la preparación casi no se reduce.

Aun así, el panorama cambia. Que los hombres entren a la cocina ya es normal, y muchas familias compran filetes listos, hamburguesitas congeladas o una charola surtida en el mercado tradicional. El chiste es que cuando un mayor por fin dice "mejor compremos", las nueras celebran por dentro.

El jeon también es comida de lluvia. Pajeon con makgeolli en temporada de monzón es casi sentido común, y hasta circula la teoría (poco científica) de que el chisporroteo suena a lluvia. En Japón le dicen chijimi, probablemente del dialecto de Gyeongsang.