Ya nadie lee
Los coreanos no leen. Es la queja que vuelve cada vez que sale una encuesta nueva. Y entonces un solo anuncio del Nobel vació las librerías de la noche a la mañana.
Los números sí respaldan la queja, hasta cierto punto. Año tras año, las encuestas dicen que más de la mitad de los adultos no terminó ni un libro. Según datos del estudio de competencias de adultos de la OCDE (PIAAC), la tasa de lectura de Corea está cerca del promedio, pero su porcentaje de 'lectores habituales', los que abren un libro a diario o cada semana, fue el más bajo del grupo. También fue la mayor brecha entre quienes tienen de 16 a 24 años y quienes tienen de 55 a 65. En resumen: se lee de estudiante y luego se deja.
¿Por qué? Durante mucho tiempo, en Corea 'libro' era casi sinónimo de estudiar. Lo que lees para el Suneung y la admisión universitaria se cierra al graduarte, y ya trabajando, un manual para sacar una certificación le gana a la literatura. Después de las horas extra y un trayecto infernal, lo que queda son unos minutos de celular en el metro. 'Leer' es el pasatiempo que más se pone en el currículum, y el chiste es que nadie te cree si no puedes decir qué libro.
Eso no significa que no se lea nada. Entre 2004 y 2019 los lectores de revistas cayeron a menos de la mitad, sobre todo porque la lectura se fue a internet. Los webtoons y las novelas web llenaron ese hueco, y hoy los cómics de scroll vertical y el video corto dominan el trayecto al trabajo. Incluso en papel, el manga y las novelas ligeras siguieron vendiendo. Y el precio pesa: con el papel por las nubes, los libros que subieron de precio a fines de 2022 aumentaron cerca de 40% en promedio.
El giro llegó en el otoño de 2024. Apenas se anunció el Nobel de Han Kang, La vegetariana se agotó en 30 minutos en una gran cadena y sus libros superaron el millón de ejemplares en seis días. ¿Quiénes compraron más? Los adultos de mediana edad, justo el grupo que supuestamente ya no leía. Viendo las filas frente a las librerías, mucha gente entendió que no leer, no poder leer y no comprar son tres historias distintas. Fue también cuando la literatura traducida y sus traductores recibieron el crédito que merecían.