
Haeundae
Película de desastres de 2009 en la que un megatsunami golpea Haeundae, la playa más famosa de Busan, en plena temporada de verano. Fue el primer blockbuster coreano de desastres en superar los diez millones de espectadores.
La dirigió Yoon Je-kyoon, que presumía de haber pasado cinco años planeándola, y con un presupuesto de 16 mil millones de wones juntó a Sol Kyung-gu, Ha Ji-won, Park Joong-hoon y Uhm Jung-hwa. Todo arranca con el tsunami del océano Índico de 2004. Mansik, nacido y criado en Haeundae, va en un barco pesquero y ese día pierde al papá de Yeonhee; la culpa no lo deja confesarle lo que siente. Mientras tanto, el geólogo Kim Hwi advierte que el mar frente a Tsushima se parece demasiado al de Indonesia cinco años antes. Nadie le hace caso. Tsushima se hunde y una ola gigante corre hacia una playa repleta de turistas. Quedan diez minutos.
Se estrenó el 22 de julio de 2009 y cerró con 11,453,338 espectadores, una cifra inédita para el cine de desastres coreano. Solo en la región de Yeongnam vendió 3.36 millones de boletos, récord local hasta que llegó The Admiral: Roaring Currents. Se quedó apenas por debajo de Tae Guk Gi, pero entró al club cheonman justo después de The Host. Se dijo que acaparó todas las pantallas, pero su máximo fue de 764 salas, solo el cuarto lugar de ese año, y convivió en taquilla con la película deportiva Take Off.
La crítica se partió en dos. A unos les encantó que cambiara a los héroes estilo Hollywood por gente de Busan ruidosa, con su acento marcado y sus broncas cotidianas. A otros les chocaron los efectos del agua y la fórmula de hacer reír todo el rato para luego forzar el llanto al final. En la práctica era 80% drama y 20% desastre, y hay quien dice que su éxito convenció a la industria de que comedia más melodrama es igual a taquilla. Aun así, la escena en la que Sol Kyung-gu se toma shampoo pensando que es medicina para el estómago y empieza a echar espuma por la boca hizo explotar de risa a las salas.
La gente de Busan tiene sus propios chistes internos. Aunque se llame Haeundae, buena parte se filmó por Gwangalli, y la ruta de escape de los personajes, en el mapa real, los pone corriendo por la costa directo hacia la ola. Durante el rodaje, algunos vecinos de los edificios de Haeundae protestaron porque ver sus torres hundidas podía bajar el valor de sus depas, así que la producción borró los logos y hasta cambió la forma de algunos edificios. Igual los reconocieron, y hubo quien fue al cine solo para ver si su casa aguantaba.
Para los fans del béisbol coreano, la escena en el estadio Sajik es de culto. Yoon, fan declarado de los Lotte Giants, la grabó durante un partido real en agosto de 2008. Sol interpretó a un aficionado borracho tan pesado que Lee Dae-ho, estrella del equipo que hacía un cameo, se enojó de verdad y soltó gritos que no estaban en el guion. Sol fue a disculparse después y, según cuentan, a Lee le duró el coraje un buen rato. Esa noche Lotte remontó un 0 a 5 y sumó su décima victoria seguida. De ahí la broma de que los diez millones se los debe a Busan y a la afición de Lotte.
En Japón se estrenó en 2010 con el título TSUNAMI. Cuando llegó el terremoto de Tohoku en 2011, las tiendas de renta retiraron el DVD por respeto. Un video en YouTube con solo la secuencia del tsunami supera los 300 millones de reproducciones y le dio a la película una segunda vida fuera de Corea. Tras el éxito, Yoon recibió críticas por decir que en Corea convenía filmar porque la mano de obra era barata; en su siguiente película, Ode to My Father, implementó contratos laborales estándar para todo el equipo. Años después, Train to Busan también rompió los diez millones y Busan quedó como escenario favorito del cine taquillero coreano.