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Escape de Mogadiscio

Escape de Mogadiscio

Título2021-07CineHistoria realDivisión

La historia real de cómo, en 1991, el personal de las embajadas de Corea del Sur y Corea del Norte escapó junto de la guerra civil en Somalia. En el verano de 2021, con los cines vacíos, fue la película coreana más taquillera del año.

El contexto es una pelea diplomática. Corea del Sur buscaba votos africanos para entrar a la ONU, y en Mogadiscio las dos embajadas coreanas se pasaban el día saboteándose. Entonces estalla la guerra, se cortan las comunicaciones y el equipo norcoreano termina tocando la puerta de los del Sur. Kim Yoon-seok es el embajador surcoreano, Jo In-sung un consejero que viene de la inteligencia, Heo Joon-ho el embajador del Norte y Koo Kyo-hwan su consejero de mecha corta. La dirige Ryoo Seung-wan, el de Veteran, y es su largometraje número once.

Lo que más se le aplaudió es lo que quita. Nada de melodrama ni discursos políticos: la división aparece como un problema de sobrevivir la noche, no como debate ideológico. Hay poca acción. Civiles sin armas pegan libros y costales de arena a las puertas de los autos y aceleran entre balas. Esa persecución final, filmada en tomas largas que saltan de un coche a otro por las ventanillas, suele contarse entre las mejores del cine coreano.

Los coreanos no pueden entrar legalmente a Somalia, así que todo se rodó en Essaouira, Marruecos, donde reconstruyeron un radio de un kilómetro al estilo del Mogadiscio de los noventa, polvo incluido. Fue la primera película coreana filmada en África en 24 años. Las anécdotas valen oro: los tres intérpretes marroquíes habían aprendido coreano viendo doramas y sabían refranes que ni la productora conocía. Conseguir cerdo era tan difícil que lo trajeron carísimo desde España para una noche de cerdo picante que se vivió como fiesta. Koo Kyo-hwan sacó la licencia de manejo para esta película y le tocó un coche estándar, mientras Heo Joon-ho, en el asiento de atrás, preguntaba todo el rodaje si mejor manejaba él.

Los diálogos norcoreanos llevan subtítulos, una forma de decir: mismo idioma, pero ya son otra gente. Muchos espectadores bromearon que ni hacían falta. Aquí Corea del Norte no es ni enemigo ni hermano perdido, sino el vecino con el que tienes que aguantar hasta el amanecer.

No todo es fiel a los hechos. El embajador real, Kang Shin-sung, escribió una novela sobre la huida y la película cambia todos los nombres. En realidad resistieron 12 días en la residencia, en seis autos con 22 personas. Lo de los libros antibalas se inventó para que la supervivencia fuera creíble, y frente a la embajada italiana no ondearon una bandera blanca sino la surcoreana. Hasta el final más famoso, cuando fingen no conocerse en Kenia, es ficción: en la vida real se abrazaron para despedirse frente al avión. El empleado norcoreano que murió baleado durante la huida sí existió, y según un testimonio, cuando el embajador volvió a casa habiendo perdido además documentos secretos, Kim Jong-il solo le dijo que qué bueno que había regresado vivo.

El COVID retrasó el estreno y casi se fue directo a Netflix. Apostó por los cines, que aceptaron darle toda la taquilla a la distribuidora hasta recuperar la mitad del presupuesto, lo que bajó el punto de equilibrio a unos 3 millones de boletos. Vendió cerca de 3.61 millones, fue la primera película coreana en superar el millón en diez meses y terminó rebasando a Black Widow como la más vista de 2021 en Corea. En los Blue Dragon Film Awards ganó Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Actor de Reparto para Heo Joon-ho, y en los Baeksang Arts Awards se llevó el Gran Premio de cine y Mejor Película. Al año siguiente la corona de taquilla pasó a The Roundup.