
Ryoo Seung-wan
Empezó con un corto hecho con unos 3.000 dólares y llegó a Veteran y Escape from Mogadishu, convirtiéndose en uno de los directores más taquilleros de Corea. Su sello: una acción que duele de verdad.
Nació en 1973 en Onyang, provincia de Chungcheong del Sur. Perdió a sus padres cuando estaba en secundaria y lo crio su abuela junto a su hermano Ryoo Seung-bum, siete años menor. Hubo una época en que terminaron en la calle con sus cosas porque no conseguían dónde vivir, y él vendía camotes asados para salir adelante. En tercero de primaria vio a Jackie Chan en Drunken Master, se metió a taekwondo y creía en serio que ir al dojo bastaba para ser estrella de acción. Recién en la prepa descubrió que existía el oficio de director. Juntó el dinero del almuerzo para comprarse una cámara de 8 mm usada y dice que antes de debutar ya había visto más de 2.000 películas.
A principios de sus veinte le rogó a Park Chan-wook que lo aceptara como aprendiz y así entró a Chungmuro como el último del equipo de dirección. Park incluso lo convenció de no estudiar cine en la universidad para que no lo encasillaran. En 1998 filmó el corto Fight con restos de película ajena y 3,8 millones de wones, y le sumó episodios hasta armar el largo Die Bad (2000). Costó 65 millones de wones, llevó a 80.000 personas a los cines, algo insólito para un indie de la época, y le dio el premio a mejor director novel en los Blue Dragon. De paso, su hermano debutó como actor. Mientras tanto, los dos sobrevivían trabajando en obras del metro y vendiendo comida en la calle.
En los 2000 fue un director de culto con alma de serie B: Dachimawa Lee, Arahan, Crying Fist, City of Violence. Lo kitsch a propósito, el estilo barato con orgullo y un montaje rápido a lo Guy Ritchie. En City of Violence él mismo protagonizó y soltó patadas bastante limpias. El coreógrafo Jung Doo-hong estuvo en casi todas sus pelis, y su hermano, su musa, salió en ocho. Ryoo asegura que nunca lo elige por inercia: cada guion lo discuten como director y actor.
El giro llegó en 2010 con The Unjust, una mirada filosa a los pactos entre fiscales y policías que ganó mejor película y mejor director en los Blue Dragon. Con su esposa, la productora Kang Hye-jung, fundó su propia productora, cuyo nombre en coreano es un juego de palabras con los dos. The Berlin File (2013) sumó 7,16 millones de espectadores, aunque el estrés del rodaje en Europa lo dejó en 52 kilos. Y en 2015 llegó Veteran: el policía terco de Hwang Jung-min contra el heredero monstruoso de Yoo Ah-in. Vendió 13,41 millones de entradas, entró al club de las películas de diez millones y sus frases se volvieron meme. También aparecen Yoo Hae-jin y Ma Dong-seok. En cambio, The Battleship Island (2017) se estrelló entre acusaciones de distorsión histórica y críticas porque CJ ENM la puso en cerca del 80% de las pantallas.
El regreso fue Escape from Mogadishu (2021), la historia real de diplomáticos de las dos Coreas que escaparon juntos de Somalia en plena guerra civil. Cuando todos aplazaban estrenos por el COVID, él la llevó a cines igual y recuperó la inversión. Con Jo In-sung y Koo Kyo-hwan, le valió el gran premio de cine en los Baeksang Arts Awards. Luego vino Smugglers (2023), un robo retro protagonizado por haenyeo, las buzas coreanas, con Kim Hye-soo y Yum Jung-ah al frente y peleas bajo el agua que dieron mucho de qué hablar. Con ese éxito superó a Choi Dong-hoon como el director coreano con más espectadores acumulados, y con Veteran 2 (2024), donde se suma Jung Hae-in y que pasó por Cannes, fue el primero en cruzar los 52 millones. Más que la población de Corea del Sur.
Su acción va de dolor, no de poses. Cabezas contra hidrantes, cuerpos rodando escaleras enteras, alguien golpeado con una manzana envuelta en una toalla, y un diseño de sonido que te hace encogerte. Se mueve sobre todo en el crimen y el noir coreano, pero cuela crítica social: los abusos de los chaebol en Veteran, un pueblo destruido por el dinero de las mafias en City of Violence. Solo dos de sus películas no recuperaron su costo en cines, por eso la industria lo ve como apuesta segura. Como productor impulsó títulos como Exit y Svaha y ayudó a debutar a gente de su propio equipo. Además forma parte de un grupo de amigos directores junto a Park Chan-wook, Bong Joon-ho y Kim Jee-woon.