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noir coreano (한국 느와르)

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Cine criminal coreano, oscuro y sin piedad, donde mafias, policías y traiciones se enredan. El nombre viene del francés 'noir' y se adaptó a la coreana.

La raíz está en Hong Kong. Entre finales de los ochenta y principios de los noventa, el noir hongkonés arrasó en los cines coreanos, y para esa generación 'noir' era un tipo con dos pistolas y un cigarro en la boca. La grafía oficial es 누아르 (nuareu), pero el mundo del cine se quedó con 느와르 (neuwareu). La versión coreana sumó sus propios códigos: el orden del hermano mayor, la etiqueta de la mesa de tragos con el soju pasando de mano en mano, y el dialecto de Gyeongsang. Esa fórmula se repite tanto que hay críticos que dicen que un solo género fabricó la imagen de toda una región. Si vas más atrás, aparecen los duros de la tele de los noventa, como el Tae-su de Choi Min-soo.

En los 2000, el género impulsó la época dorada de Chungmuro: A Bittersweet Life y I Saw the Devil de Kim Jee-woon, la saga de apuestas Tazza, la cacería de un asesino en serie en The Chaser y The Unjust de Ryoo Seung-wan. Inside Men, un pacto a tres bandas entre políticos, prensa y gánsteres, llevó el género a la sátira del poder.

El punto más alto, según la mayoría, es New World (2013) de Park Hoon-jung. Todo gira en torno a Lee Jung-jae, un policía infiltrado en una organización, y Hwang Jung-min, el jefe que confía en él como en un hermano. Con clasificación solo para adultos, vendió 4,68 millones de entradas. La pelea con cuchillos en el ascensor y su frase 'deuruwa' (ven, entra) siguen siendo meme. Se le critica lo mucho que toma de Infernal Affairs, pero casi todos coinciden en que la reconstruyó alrededor de una lealtad muy coreana.

Hoy el género es más amplio. La saga The Roundup de Ma Dong-seok convirtió cada puñetazo en chiste, y su villano Jin Seon-kyu se volvió un robaescenas de manual. My Name, de Netflix, puso a una mujer en el centro de la mafia. En Japón, el 'noir coreano' (韓国ノワール) tiene hasta su propio fandom.