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Un noir de 2013 sobre un policía infiltrado tan hondo en una mafia que ya no sabe de qué lado está. Se recuerda por el duelo actoral entre sus tres protagonistas y por frases que en Corea se siguen citando más de diez años después.
La premisa es limpia. El jefe Kang (Choi Min-sik) mete a un policía novato, Lee Ja-sung (Lee Jung-jae), dentro de Goldmoon, la organización criminal más grande del país. Ocho años después, Ja-sung es la mano derecha de Jung Chung (Hwang Jung-min), uno de los hombres fuertes del grupo. Entonces el presidente muere de golpe y Kang arma un plan para manipular la guerra de sucesión desde dentro. El nombre en clave: "Nuevo Mundo". Ja-sung, agotado de una misión sin salida, queda atrapado entre un hermano mayor que confía en él a ciegas y una policía que lo ve como pieza desechable. Es la segunda película como director de Park Hoon-jung, que ya era un guionista reconocido, y se volvió un punto de referencia del noir coreano.
Vendió unos 4,68 millones de entradas, lo que la mete en el top 10 histórico de películas para mayores de 19 en Corea. Pero lo que más duró fueron los diálogos. "Tú y yo, hagamos un trabajito juntos", "Al menos te dejaré vivir", "Buen día para morir" se volvieron memes. La joya es la escena del ascensor: Jung Chung solo, en un espacio mínimo, contra una bola de tipos con cuchillos, gritando "Entren, entren" ("deuruwa"). Aparece en toda lista de frases legendarias del cine coreano, y aunque es una pelea sucia y sangrienta, el encuadre y el montaje la hacen extrañamente elegante.
Casi todos coinciden en que Jung Chung se roba la película. Hwang improvisó muchísimo, tanto que se nota a Lee Jung-jae aguantándose la risa. En el making of, Choi Min-sik bromeó con que esas improvisaciones delataban lo que Hwang pensaba de él. Que Jung Chung llame "brother" a Ja-sung y le exija fe total se volvió la imagen perfecta del orden del hermano mayor. Y sí, los rizos son naturales.
El trasfondo tiene su giro. Jung Chung y Ja-sung son de origen chino y vienen de Yeosu, en Jeolla del Sur. Park explicó que quiso sumar dos identidades marginadas en Corea, ser de Jeolla y ser de ascendencia china, para mostrar lo duros que tenían que ser para llegar tan arriba. Por eso Jung Chung habla con un marcado dialecto de Jeolla. La historia ocurre en Seúl, pero buena parte se filmó en Busan, y el encuentro en el estadio entre Kang y Jung Chung se rodó en el estadio mundialista de Daejeon.
Park Sung-woong, que interpreta al jefe rival Lee Joong-gu, sale apenas unos 21 minutos y aun así se come la pantalla. Al principio el director no lo quería. Park pidió una semana, se aprendió cada línea y cada gesto, y llegó a la primera reunión ya vestido con el traje de Joong-gu.
Desde el estreno se señaló cuánto le debe a Infernal Affairs de Hong Kong: el policía encubierto, el jefe que siempre dice "este es el último trabajo", la caída desde la azotea. Aun así, el crítico Kang Sung-ryul escribió que en cierto momento la película supera a su modelo, y el crítico japonés Utamaru la llamó "la película definitiva de lucha de caras", porque los enfrentamientos se pelean casi solo con expresiones.
También encontró un fandom inesperado. En Naver, las espectadoras triplicaron a los hombres, y en otoño de 2013 hasta se organizó un evento de fans llamado "Asamblea de accionistas de Goldmoon". En su estreno en Japón en 2014 la respuesta femenina fue igual de intensa. Se vendieron los derechos para un remake en Hollywood y el director dijo tener escrita una trilogía, pero la secuela nunca llegó. Lee Jung-jae, por su parte, saltó a la fama mundial con El juego del calamar.