
Jin Seon-kyu
El actor que explotó como Wi Sung-rak, el despiadado número dos de The Outlaws. Lloró como novato al recibir su premio, pero para entonces ya llevaba más de una década sobre los escenarios.
Creció en Jinhae, en el sur de Corea, entrenando taekwondo y Jeet Kune Do con la idea de ser profe de educación física. La actuación lo atrapó en su último año de prepa y entró a la carrera de actuación de la Universidad Nacional de Artes de Corea. En la universidad no tenía ni para el corte de pelo, así que se lo dejó crecer, hasta que el actor Oh Man-seok lo invitó a comer a su casa, lo llevó a la peluquería y pagó. Años después, cuando estaba quebrado antes de casarse, Oh le dio una buena suma. Jin lo sigue llamando el benefactor de su vida.
Debutó en 2004 con la obra La princesa del espejo Pyeonggang y se volvió habitual de los teatros de Daehangno con la compañía Ganda. Su esposa, la actriz Park Bo-kyung, fue compañera de universidad; se acercaron mientras armaban la compañía y se casaron en 2010. Ese mismo año llegó a la tele con Road No. 1 y fue sumando papeles cortos pero memorables, como Nam Eun en Six Flying Dragons o un oficial leal con un final injusto en The Fortress de Hwang Dong-hyuk.
Todo cambió en 2017 con The Outlaws. Wi Sung-rak fue su primer villano en cine, y su acento joseonjok (coreano de China) y su crueldad tranquila eran tan creíbles que hubo gente que pensó que de verdad era coreano-chino. Hasta dijeron que su chino sonaba nativo. Protagonizada por Ma Dong-seok, la peli para mayores de edad superó los seis millones de espectadores y luego se convirtió en una franquicia donde cada secuela llega a diez millones. Detrás hay una historia bonita: Yoon Kye-sang, el villano principal Jang Chen, le había pedido clases de actuación después de verlo en Road No. 1, y le cedió buena parte de sus propias escenas a Wi Sung-rak.
Ese año, los Blue Dragon Film Awards le dieron Mejor Actor de Reparto frente a rivales pesados. Lloró a mares pero dijo todo lo que tenía que decir, y el discurso llegó al número uno en las búsquedas de Corea. Yoon, que estaba en el extranjero, lo llamó llorando. Después vino el juego viral de "Encuentra a Jin Seon-kyu": los fans volvían a ver The Good, the Bad, the Weird, The Merciless, Songgot y The Great Seer para cazar sus apariciones de segundos. Él, eso sí, se incomoda con lo de "sus años de anonimato": casi nunca se quedó sin trabajo, así que nunca se sintió desconocido.
Extreme Job (2019) fue su primera película de diez millones. Como Ma Bong-pal, uno de los cinco policías antidrogas, compartió pantalla con Ryu Seung-ryong, y la cinta se volvió la comedia más taquillera de la historia coreana. Ese mismo año hizo Kingdom y Svaha de Jang Jae-hyun, y después Mr. Sunshine, Vincenzo y Space Sweepers de Netflix. En Through the Darkness (2022) interpretó a un personaje basado en el perfilador real Yoon Oe-chul, con quien se reunió varias veces para estudiar su forma de hablar. Count (2023), inspirada en el boxeador Park Si-hun, oro en Seúl 1988, fue su primer protagónico en solitario.
Las etiquetas que lo siguen: robaescenas y maestro de los dialectos. Su habla de Gyeongsang es de casa, pero también domina el dialecto de Jeolla, el de Chungcheong y el norcoreano de Confidential Assignment 2, al nivel de Kim Yoon-seok. Fuera de cámara es famoso por lo tierno, nada que ver con sus villanos de noir coreano. En Infinite Challenge (2017) se supo que el jefe de la agencia de Jo Se-ho había aprendido actuación con él en la prepa, y aun así Yoo Jae-suk se burló de Jo. También habló de su nariz baja: dijo que ya la ve como parte de su sello y que no se va a operar.
Hoy es un fanático del running y su Instagram es casi puro registro de carreras. Es cristiano devoto y siempre empieza sus discursos dando gracias a Dios. Y cuando su esposa, que dejó su carrera en pausa ocho años para criar a los hijos y apoyarlo, volvió a actuar y ganó Mejor Actriz de Reparto en los Blue Dragon Series Awards 2026, el que más lloró en la sala fue él.