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Bong Joon-ho

Bong Joon-ho

PersonaDirectorPremios Óscar

El director que retuerce los géneros para filmar lo más incómodo de la sociedad coreana. Con Parasite ganó el primer Óscar a Mejor Película para una cinta que no está en inglés y le cambió las reglas a Hollywood.

Nació en Daegu en 1969 y de niño se mudó a Seúl. Su papá fue uno de los primeros diseñadores gráficos de Corea y su abuelo materno, el novelista Park Tae-won. A los doce años ya sabía que quería hacer cine, y por un tiempo también soñó con ser dibujante de cómics. Estudiando sociología en Yonsei publicaba historietas en el periódico universitario y fundó un cineclub llamado Puerta Amarilla, donde rodaba cortos en 16 mm. Para proyectar cine ruso le pidieron a un estudiante de letras rusas que tradujera los diálogos y pusieron los subtítulos a mano, una historia que Netflix contó en un documental de 2023. Hasta hoy dibuja sus propios storyboards como si fueran viñetas.

El arranque fue duro. Su ópera prima de 2000, Barking Dogs Never Bite, fracasó en taquilla y él confesó que quería salir corriendo de la sala. Su productor le dio otra oportunidad y así llegó Memories of Murder (2003), que sacudió al cine coreano. Ahí empezó su dupla con Song Kang-ho, que ya suma cuatro películas. A Park Hae-il, de ese mismo reparto, lo definió como un pervertido con olor a jabón, y la verdad es que le queda perfecto. En 2006 The Host, con un monstruo saliendo del río Han, superó los diez millones de espectadores, y en 2009 Mother juntó a la mamá de la tele coreana, Kim Hye-ja, con Won Bin y enamoró a la crítica.

Después vino el salto global. Snowpiercer (2013) tuvo el presupuesto más alto del cine coreano hasta entonces y, aunque está llena de actores de Hollywood, legalmente es una película coreana. Okja (2017) fue la primera original de Netflix en competir en Cannes y prácticamente presentó Netflix al público coreano. Desde ahí trabaja con el compositor Jung Jae-il.

La cima fue Parasite (2019). Ganó la primera Palma de Oro de Corea y, en pleno discurso, le pasó el micrófono a Song Kang-ho. Palabras como banjiha y jjapaguri se volvieron globales, y todo el elenco, de Choi Woo-shik y Lee Sun-kyun a Park So-dam, Cho Yeo-jeong y Lee Jung-eun, se hizo famoso. En los Globos de Oro de enero de 2020 dijo que, si superas la barrera de una pulgada de los subtítulos, vas a descubrir muchísimas más películas increíbles. Un mes después llegaron los Óscar: guion, película internacional, dirección y Mejor Película. Cuando le dedicó unas palabras a Martin Scorsese, el teatro entero se puso de pie, y también le agradeció a Tarantino por apoyarlo cuando nadie en Estados Unidos conocía su cine.

En Corea le dicen Bong-tail, mezcla de su apellido con detail. Sus storyboards coinciden casi toma por toma con lo que filma, pero su equipo cuenta que nunca levanta la voz, y en Parasite respetó al pie de la letra la ley laboral. Una vez bromeó que los pequeños tropiezos de sus personajes eran piksari, jerga coreana para cuando se quiebra la voz, y Cahiers du Cinéma lo tituló muy en serio como el arte del piksari, cosa que lo dejó rojo de vergüenza. Su fandom se hace llamar Bonghive, y en Austin, Texas, hay un cine que lleva su nombre. En 2021 fue el primer coreano en presidir el jurado de Venecia.

No todo fue brillo. Durante los gobiernos de Lee Myung-bak y Park Geun-hye apareció en la lista negra cultural, y Memories of Murder, The Host y Snowpiercer figuraban como motivos. Se le agrupa con Park Chan-wook y Lee Chang-dong como el núcleo de la época dorada del cine coreano, y Park dijo que como persona lo adora, pero como director le da coraje. En 2013 Tarantino pagó de su bolsillo el viaje al Festival Internacional de Cine de Busan solo para conocerlo. Dato extra: es fanático del fútbol y su jugador favorito es Kevin De Bruyne. En 2025 estrenó Mickey 17, con Robert Pattinson.