La época dorada del cine coreano
En un solo año, 2003, Corea estrenó Memories of Murder, Oldboy, A Tale of Two Sisters y Silmido. La línea que llega hasta los Óscar veinte años después empieza justo aquí.
No salió de la nada. A inicios de los 90, el cine coreano no llegaba ni al 20% de su propia taquilla. Hollywood empezó a distribuir directamente, las salas se llenaron de películas extranjeras y la industria estaba en modo pesimista total. El giro llegó en octubre de 1996, cuando la Corte Constitucional declaró inconstitucional la revisión previa de películas por parte del gobierno. Se acabó la época de pedir permiso al Estado para estrenar y llegó un sistema de clasificación. Por primera vez los directores podían ponerse tan oscuros y extremos como quisieran.
El dinero también cambió de rumbo. Con la crisis financiera de 1997, gigantes como Samsung y Daewoo abandonaron el cine, pero CJ y Lotte apostaron todavía más. El primer multicine CGV abrió en Gangbyeon y volteó por completo el mapa de las salas, y por fin se armó un ciclo de inversión donde las ganancias volvían a nuevas producciones. Ahí nace CJ como el peso pesado del cine coreano. Cuando Shiri le ganó a Titanic en 1999, la gente empezó a creer que el cine local podía ganar en casa, y para 2001 el drama de pandilleros Friend empujó la cuota nacional hasta cerca del 50%.
Cuando se legalizó la cultura pop japonesa, muchos temían que el cine japonés aplastara al coreano. Pasó lo contrario: los estrenos japoneses fracasaban uno tras otro, y que eso coincidiera con el mejor momento del cine coreano se sigue citando hoy. Dato curioso: Oldboy, la película que define la época, está basada en un manga japonés.
Y entonces llegó 2003. El crítico Lee Dong-jin lo llamó el momento más hermoso del cine coreano. Memories of Murder de Bong Joon-ho marcó el molde del thriller coreano y volvió a Song Kang-ho intocable. Oldboy de Park Chan-wook, con la actuación desquiciada de Choi Min-sik, ganó al año siguiente el Gran Premio en Cannes. A Tale of Two Sisters de Kim Jee-woon rompió el récord de taquilla del terror coreano. Save the Green Planet, un fracaso que terminó siendo obra de culto, el clásico romántico The Classic y Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera de Kim Ki-duk salieron ese mismo año.
El golpe final del año fue Silmido. Protagonizada por Sol Kyung-gu, fue la primera película coreana en superar los diez millones de espectadores, y así nació la película de diez millones como medida del éxito. Al año siguiente Tae Guk Gi rompió ese récord, y después The King and the Clown y The Host entraron al club. El mercado crecía a una velocidad que asustaba.
Los directores de esa época se dividían más o menos en dos caminos. Lee Chang-dong, Kim Ki-duk y Hong Sang-soo arrasaban en festivales internacionales como autores, y Secret Sunshine de Lee le dio a Jeon Do-yeon el premio a Mejor Actriz en Cannes. Park, Bong, Kim Jee-woon y Ryoo Seung-wan metieron ambición de autor en el cine de género. Justo detrás, Choi Dong-hoon demostró con Tazza que adaptar un cómic podía dar un taquillazo pulido, y Na Hong-jin con su debut de 2008, The Chaser, desató años de thrillers imitadores.
Lo importante: esta generación no fue un final, fue un despegue. Los directores que explotaron en 2003 siguieron construyendo durante dos décadas, y cuando Parasite de Bong ganó el Óscar a Mejor Película, el mundo entero empezó a rastrear ese linaje hacia atrás. Por eso tantos fans internacionales apenas están descubriendo Oldboy y Memories of Murder.