Apertura a la cultura pop japonesa
El cine, la música y los cómics japoneses, bloqueados en Corea durante medio siglo tras la liberación, se legalizaron en cuatro etapas desde 1998. Todos temían una invasión cultural; unos años después, la ola fue en sentido contrario.
Desde la liberación en 1945 hasta el otoño de 1998, la cultura pop japonesa era prácticamente contrabando en Corea del Sur. El recuerdo de 35 años de dominio colonial japonés y de su política para borrar la cultura coreana seguía muy fresco, y todo lo que sonara demasiado japonés recibía la etiqueta de waesaek, "color japonés". Incluso después de restablecer relaciones en 1965, cuando la política y el comercio se acercaron, la puerta de la cultura pop siguió cerrada. El giro que salió a la luz después: la prohibición funcionaba como costumbre, sin ninguna ley que la estableciera.
Eso no significa que lo japonés no estuviera. Desde los 70, animes como Mazinger Z, Candy Candy y Astro Boy llenaban los horarios infantiles, y en los 90 Slam Dunk tomó la posta. Eso sí, con disfraz coreano. Los personajes tenían nombres coreanos, Tokio se volvía Seúl, los kimonos se convertían en hanbok, el sumo pasaba por ssireum y la Torre de Tokio por la Torre Namsan. Muchos niños crecieron sin saber que sus caricaturas favoritas eran japonesas. El manga pirata estaba en cualquier papelería, y en Busan, donde llegaban las señales de TV y radio desde Tsushima, las canciones japonesas pegaban antes que en el resto del país. En el mercado electrónico de Yongsan y en Myeongdong circulaban CD y videos piratas.
Quien abrió la puerta fue el presidente Kim Dae-jung. Su visita de Estado a Japón en octubre de 1998 le dio un nuevo aire a la relación Corea-Japón, y el 20 de ese mes arrancó la primera etapa. Primero se liberaron las coproducciones, las películas premiadas en Cannes, Berlín, Venecia y los Óscar y algunos mangas, así que Hana-bi de Takeshi Kitano y Kagemusha de Akira Kurosawa llegaron a los cines. La segunda etapa, en 1999, sumó películas aptas para todo público y conciertos de menos de 2,000 asientos; la tercera, en 2000, películas para mayores de 12 y 15, algunos videojuegos y animación premiada en festivales. En 2001 una polémica por libros de historia japoneses congeló el calendario, pero organizar juntos el Mundial de 2002 calmó las aguas, y la cuarta etapa, en septiembre de 2003, permitió por fin canciones y juegos en japonés. La TV y el anime de cine llegaron en enero de 2004. Todo empezó justo el año en que el país se tambaleaba por la crisis del FMI.
Y el pronóstico falló. Fuera del manga, el anime y los videojuegos, donde lo japonés ya dominaba, el cine, la TV y la música de Japón se quedaron en nicho. La película japonesa de acción real más taquillera en Corea sigue siendo Love Letter, estrenada gracias a la segunda etapa, con cerca de 1.15 millones de espectadores; nada la ha superado. En una encuesta de Gallup Corea de 2004, 580 de 616 adultos dijeron no tener ninguna celebridad japonesa favorita o no conocer ninguna. Mientras tanto, el cine coreano entraba en su época dorada.
La corriente, en realidad, fue al revés. Los dramas y la música coreana explotaron en el mundo chino y el sudeste asiático, y de ahí nació la palabra hallyu. Cuando Sonata de invierno fue un éxito en Japón en 2003, el hallyu en Japón despegó de verdad. También hubo intercambio de talento, con cantantes coreanos como BoA haciendo carrera en Japón. Allá hasta circuló la teoría conspirativa de que el gobierno coreano había pagado el boom, y hay quien vincula esa ansiedad con la política Cool Japan. Con la puerta abierta, el tráfico fue en ambos sentidos, hasta el día en que un webtoon coreano se volvió la base de un anime japonés.
El último nudo se ató recién en 2023. Todavía existían restricciones a la importación de videos japoneses, y salieron a la luz cuando un drama japonés de Netflix sobre el desastre nuclear de Fukushima no se estrenó en Corea y se volvió un pleito político. El 12 de julio de 2023, el Ministerio de Cultura eliminó la regla. Desde entonces, los estrenos de anime japonés en Netflix en Corea pasaron de unos 10 a unos 20 títulos al mes, con lanzamientos simultáneos con Japón. La apertura que empezó en 1998 quedó completa 25 años después.