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Rezar por el examen

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Unos cien días antes del Suneung, los papás empiezan a llenar iglesias, templos y parroquias. Crean en algo o no, todos terminan yendo a algún lado. Pocas escenas explican tan claro lo que pesa un examen en Corea.

El Suneung es un solo día al año. Ese puntaje define a qué universidad entras, y casi todos creen que la universidad luego marca tu primer trabajo y cómo te ven. Así que, cuando ya no queda nada más por hacer, a los papás les toca rezar. En los templos hay rezos de cien días, y las iglesias y parroquias católicas organizan servicios especiales para las familias de los que presentan. Gente que nunca piensa en religión prende incienso o una vela justo en esta temporada. Los budas de montaña famosos por conceder un solo deseo tienen filas cada fin de semana antes del examen.

El día del examen tampoco se detiene. Cada año salen en las noticias papás que dejan a su hijo en la puerta de la escuela y se quedan ahí con la mano sobre el portón, o que se van directo a un templo o iglesia y pasan el día entero sentados. Es parte del paisaje del día en que el país se detiene, cuando los aviones esperan y las oficinas abren más tarde.

Y no solo se reza. Se regalan dulces pegajosos y pasteles de arroz para que el estudiante "se pegue" (así se dice aprobar en coreano), y nadie sirve sopa de algas porque resbala. Estas supersticiones cotidianas son mitad chiste, mitad en serio. Hay quien le pregunta a un adivino por la suerte del chico, y quien le prepara un tónico herbal.

Desde fuera parece curioso, pero en el fondo duele un poco. Después de años de pagar hagwon y clases particulares, los papás saben que ese último paso nadie lo puede dar por su hijo. Si no sale bien, empieza un año de jaesu, repetir el examen, y también otro año de rezos.