El día en que el país se detiene
Un jueves de noviembre, cada año, Corea baja el ritmo por sus estudiantes. El tráfico, la bolsa y hasta el cielo.
La mañana del Suneung funciona así: las oficinas públicas abren a las 10, y la bolsa y los bancos retrasan todo una hora. Las empresas privadas deciden, pero casi todas dan un poco de margen. El metro y los buses meten más unidades en la hora de entrada, y alrededor de las sedes se corta el tráfico. Las escuelas que sirven de sede dan el día libre a sus alumnos.
La imagen fija de los noticieros es la moto de policía: un agente con un estudiante atrasado atrás, abriéndose paso entre el tráfico para llegar a la puerta a tiempo. Para la policía y la policía militar es una operación oficial de transporte de examinados. En la entrada, los alumnos más chicos esperan con pancartas y bebidas calientes y les gritan hwaiting a los mayores.
El momento cumbre es la parte auditiva de inglés, de 13:05 a 13:40. En esos 35 minutos se frenan despegues y aterrizajes en todo el país, y los aviones en vuelo no pueden bajar de 10.000 pies, así que dan vueltas. Se pausan los ejercicios militares, las fuerzas de EE. UU. en Corea cooperan y los trenes cerca de las sedes bajan la velocidad sin tocar la bocina. Por eso a los viajeros les dicen que ese día no hagan escala en Corea. The Economist bromeó con que, si alguien quiere invadir Corea, esa es la fecha perfecta.
La fecha se ha movido varias veces: una semana por la cumbre APEC en Busan, otra por el G20 en Seúl, un aplazamiento de último minuto por el terremoto de Pohang en 2017, y en 2020 la pandemia lo mandó a diciembre por primera vez.
¿Por qué tanto? Porque es una sociedad convencida de que un solo día define tu pedigrí académico y tu camino. Las familias evitan la sopa de algas para que el chico no se 'resbale', regalan yeot, un dulce pegajoso, para que 'se pegue' a la universidad, y llenan templos e iglesias con oraciones por el examen. Es la olla a presión de hagwon y admisiones que SKY Castle llevó a la tele. Cuando suena la última campana, el país entero respira, y los de penúltimo año entienden que ahora les toca.