gaebalja (개발자)
En Corea, 'desarrollador' casi siempre significa desarrollador de software, sobre todo alguien que arma servicios web o apps. Hacia 2021 las empresas empezaron a pelearse a punta de sueldos y la profesión se volvió tema nacional.
En inglés 'developer' sirve para todo, pero el coreano lo partió en dos. Si programas eres 'gaebalja'; si compras terrenos y levantas edificios eres 'dibelloper', la palabra inglesa tal cual. Los estudios de videojuegos lo enredan más porque también llaman desarrolladores a diseñadores y artistas, así que el programador que llega de otra industria y suelta 'diseñar no es desarrollar' se gana miradas raras.
La palabra de moda fue 'Nekarakubae', una abreviación armada con las primeras sílabas de Naver, Kakao, LINE, Coupang y Baemin: la lista soñada de todo aspirante a dev. Después se sumaron Daangn y Toss y quedó 'Nekarakubaedangto'. El gancho: cultura horizontal, equipos jóvenes, oficinas en Seúl y Pangyo. A fines de 2020 los recién contratados en estas empresas firmaban por unos 50 a 60 millones de wones, y en 2021 Daangn y Toss subieron el sueldo inicial a la franja de 60 millones. En gaming, las convocatorias de Nexon tenían un peso parecido.
Con tanto calor llegaron las academias y los bootcamps. Los anuncios prometían que hasta sin carrera en informática podías sacar 60 millones de entrada en unos meses, pero la realidad traía pruebas de código y entrevistas técnicas que te exprimen los fundamentos. A diferencia de los grandes conglomerados tradicionales, las tecnológicas fijan aparte el sueldo de los devs. Y en las grandes empresas que no son tech, los equipos de TI siguen quejándose de que los tratan como 'los que te arreglan la compu'.
Entre devs se dice que tu estado es tu código: lo que escribiste en una noche de horas extra casi siempre se ve como un desastre a la mañana siguiente. Por eso aquí el equilibrio vida-trabajo se discute como tema de productividad, no como beneficio. Unos años después la contratación se achicó, la ola de egresados de bootcamp terminó haciendo fila frente a una puerta mucho más angosta y la fiebre se enfrió.