Modales en el metro
No te sientes en el asiento rosa aunque esté vacío, las llamadas cortitas y nada de comer. La etiqueta del metro coreano son capas de reglas: las que repiten por los altavoces y las que todo mundo simplemente sabe.
Lo primero que notan los recién llegados es el asiento rosa en medio de cada vagón. Es el asiento para embarazadas: Seúl lo designó por primera vez en camiones y vagones del metro en diciembre de 2013 y luego se extendió a todo el país. No es obligatorio por ley, pero lo normal es dejarlo libre, y el metro de Seúl prácticamente lo maneja como asiento que se deja vacío. Como los primeros meses de embarazo no siempre se notan, también existe un gafete que se cuelga en la bolsa y se consigue en estaciones o centros de salud. En un país preocupado por su baja natalidad, el asiento funciona como un pequeño símbolo.
También ha generado debate sin parar. En una encuesta de 2021, el 90% dijo que el asiento era necesario, pero solo el 51% estuvo de acuerdo en dejarlo siempre vacío; más gente opinó que en hora pico te puedes sentar y pararte cuando llegue una embarazada. Hubo críticas de que el rosa lo hacía ver como asiento solo para mujeres, y la discusión terminó metida en la guerra de géneros coreana. Busan probó la campaña 'Pink Light': la embarazada lleva un llavero con baliza y, al acercarse, una luz rosa parpadea junto al asiento. Gustó mucho.
En los extremos de cada vagón están los asientos preferentes. Antes se llamaban asientos para ancianos y débiles, pero el nombre está cambiando porque la gente creía que eran solo para personas mayores. Además de los mayores de 65, son para personas con discapacidad, embarazadas, quienes van con niños pequeños y cualquiera lastimado. Por ley, al menos una décima parte de cada tren debe ser zona preferente. Los jóvenes suelen no sentarse ahí aunque esté vacío, y cada tanto sale en las noticias alguna pelea generacional por esos asientos. En el país que envejece más rápido, van a hacer cada vez más falta.
Lo demás funciona con nunchi. Nada de videos sin audífonos, no bloquear las puertas, primero bajan y luego suben. Incluso en un vagón retacado en hora pico, hay silencio. Tampoco dejes tu mochila sobre las baldosas táctiles amarillas. Algo que sigue sorprendiendo a quienes viven en Corea: todas estas reglas que anuncian una y otra vez de verdad se cumplen, casi siempre.