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han (한)

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Rabia, pena y arrepentimiento que nunca se resolvieron y que con los años se volvieron un solo nudo. Es la palabra que más se usa para explicar Corea y, justo por eso, la más discutida.

La clave es el tiempo. La furia que sientes justo después de una ruptura no es han. Si esa ruptura te sigue doliendo veinte años después, ahí sí. Por eso el han se pega a lo que quedó pendiente: lo que nunca pudiste hacer, lo que nunca pudiste darle a alguien que ya se fue. En coreano lo más parecido es eungeori, un nudo en el pecho. Las canciones populares antiguas suspiran por 'este mundo tan lleno de han', y un refrán dice que cuando una mujer guarda han, cae escarcha hasta en pleno verano.

Ahora, cómo el han se volvió 'la esencia de los coreanos' es medio sospechoso. El marco lo popularizó durante la ocupación japonesa el crítico de arte japonés Yanagi Muneyoshi. Llamó a las curvas de la cerámica y los aleros de Joseon un 'arte de la tristeza' y concluyó que el alma de los coreanos colonizados era triste de origen. Esa lectura llegó a la crítica occidental, y por eso Han aparece cada vez que se explica el arte coreano. Tras la liberación sobrevivió como forma de describir a la generación que pasó por la Guerra de Corea y la pobreza, y creció con el cine, el melodrama lacrimógeno y las baladas hasta los noventa. Afuera todavía se usa para unir todo, desde el pansori y Arirang hasta los dramas de venganza.

Las críticas pesan. Se le acusa de ser una mirada colonial que empaquetó el sufrimiento de la ocupación como arquetipo nacional, y se recuerda que los coreanos siempre fueron descritos como un pueblo que ama beber, cantar y bailar, un ánimo llamado heung. Viendo el festejo callejero de 2002, lo de 'pueblo melancólico' no se sostiene. Desde los 2000 la idea se apagó dentro del país, y muchos coreanos de veintitantos o treintaypico casi ni la conocen. Como la sacan tanto desde afuera, adentro puede sonar tan gastada como el gukppong.

Tampoco se traduce fácil. En japonés, el mismo carácter se lee urami, más cercano al rencor y la venganza. Si pones lado a lado el cuento coreano de Janghwa y Hongryeon, donde dos hermanas injustamente muertas encuentran paz cuando sale la verdad, y el Chushingura japonés, donde unos vasallos masacran la casa enemiga para vengar a su señor, la diferencia salta. Muchos dicen que la saudade portuguesa o el żal polaco se le parecen más. The West Wing tiene hasta un episodio titulado 'Han'. Junto con jeong, es la emoción coreana que más piden que les expliquen.