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golmok nori (골목 놀이)

PalabraJuegosInfanciaLo esencial

Juegos de barrio que casi no necesitan nada: unas piedritas, una hoja de papel o solo tu cuerpo. Los edificios de departamentos los sacaron de los callejones, y luego un solo drama se los enseñó al mundo entero.

Eran los juegos que los niños jugaban en el callejón hasta que alguna mamá gritaba que ya estaba la cena. El ttakji, donde lanzas una ficha de papel doblado para voltear la del otro. Las canicas, y el que gana se las queda. El gonggi, malabares con cinco piedritas. El jegichagi, patear hacia arriba una especie de gallito. Y luz roja, luz verde, donde te congelas cuando el que la trae voltea. En las fiestas se sumaban el yunnori y volar papalotes.

El juego estrella es el ojingeo, el juego del calamar. Se raya en la tierra una figura de calamar y se forman dos equipos, ataque y defensa. Los atacantes avanzan saltando en un pie hasta cruzar la 'cintura' del calamar, y entonces ganan el derecho de usar los dos pies. Según el barrio a ese derecho le decían 'inspector real secreto' o simplemente 'libertad', y quien pisa la punta de la cabeza grita '¡Manse!'. Fue un furor hasta más o menos los años ochenta, con versiones regionales como ojingeo dalguji u ojingeo gaisang. Hay una teoría de que 'gaisang' viene del japonés kaisen, batalla, pero no está comprobada.

¿Por qué desaparecieron? Los callejones se volvieron complejos de departamentos, y los parques cambiaron la tierra por piso de hule y pasto sintético, así que ya no había dónde rayar líneas. Que haya cada vez menos niños por la natalidad más baja del mundo tampoco ayudó. Por un tiempo parecía que estos juegos solo sobrevivían como nostalgia de los papás y en escenas como el callejón de Ssangmun-dong en Reply 1988.

El giro llegó en 2021. El juego del calamar abrió su primer episodio con una narración sobre este juego y convirtió luz roja, luz verde, el ttakji y las canicas en pruebas a muerte, y de pronto todo el planeta se estaba aprendiendo las reglas. Súmale el reto viral del dalgona, y hoy muchos niños coreanos conocieron estos juegos por primera vez en una pantalla, no en un callejón.